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Las vacunas funcionan, así de simple, sencillo y concreto, y así de rotundo

Belen Aguirrezabalaga, responsable del grupo de vacunas de la SEPEAP
Dicen que estamos en la era de la globalización, en la era de la información, de internet y las redes sociales. Desde el punto de vista médico, estamos en la era de la medicina preventiva, eso está claro. Promovemos hábitos saludables de vida, tanto físicos como mentales, hacemos screening de múltiples enfermedades, prevención de muchos tipos de cáncer, etc. Y en esta medicina que vivimos, las vacunas constituyen un pilar fundamental de la prevención.

Yo diría que son el máximo exponente de la medicina preventiva. Los pediatras hemos venido a resultar “abanderados” de las vacunas, lo queramos o no. Forma parte de nuestro día a día en la consulta, y es mucho el interés que hay en formarse y conocer a fondo el tema. Hacemos incluso de consultores del tema de las vacunas para nuestros compañeros de trabajo que no están tan habituados a manejarlas.

Pero las cosas están cambiando, porque el calendario vacunal ya no se ve como algo solamente pediátrico. El calendario de vacunación es de 0 a 100 años, si bien es cierto que durante la edad pediátrica se completan la mayoría de las inmunizaciones. Tenemos un calendario de vacunación infantil; también un calendario
de vacunación para adultos que cada vez se perfi la más completo, y hay un documento de recomendación de vacunación para los trabajadores sanitarios que recientemente nos ha ofrecido el Ministerio de Sanidad con la colaboración de numerosas sociedades científicas. Las vacunas son para todos y para toda la vida, como dicen muchas campañas de salud.

Esto es un gran avance, sin duda, y debemos apoyarlo y trabajarlo juntos todos los profesionales sanitarios. Personalmente, el mundo de las vacunas me “enganchó” desde el principio. La vacunación está basada en hechos científicos, objetivos, reales… Los gérmenes son reales; las enfermedades que causan son reales; las cifras que nos ofrece la OMS, por desgracia, de muertes por enfermedades inmunoprevenibles en todo el mundo, son reales. Son personas (principalmente niños) que han muerto y podíamos haberlo evitado. Y cuando veo estas cifras, pienso que cada día en mi trabajo estoy evitando que mis pacientes mueran por enfermedades inmunoprevenibles; es así de tremendo y de sencillo, a la vez.

Día a día, evitamos el sufrimiento, evitamos la enfermedad y la muerte. Ese es precisamente el espíritu de la medicina: desde el primum non nocere hasta la posibilidad de curar las enfermedades, o de evitar la propia enfermedad.

¿Qué más se puede pedir? Quizás el hacerlo con ilusión… Por eso me llama la atención el hecho de que compañeros del entorno sanitario aún le busquen “pegas” a la vacunación. Te hablan de eficacia, efectividad, y sobre todo de seguridad. Quizás este último aspecto es el que más preocupe, aunque curiosamente no de todas las vacunas, solo de las más “polémicas”. Es una parte fundamental para todos, también para los que estamos convencidos de los beneficios de la vacunación. Pero recordemos que las vacunas, tanto o más que otros productos farmacéuticos, están sometidas a vigilancia antes, durante y después de su comercialización. Y la vigilancia postcomercialización es activa, tanto como la vigilancia de las enfermedades que prevenimos. No hay producto en el mercado farmacéutico que se comercialice sin demostrar antes su seguridad.

Será que vivimos en una sociedad “de bienestar”, en la que el mismo se da casi por supuesto. No podemos olvidar que el bienestar en materia de salud no ha venido de manera espontánea sino que se lo debemos, además de otras muchas acciones preventivas, a las vacunas.

En nuestro trabajo diario, hay que mantener siempre un espíritu crítico científico. Todo evoluciona, cambia, bien lo sabemos y nos formarnos para mantenernos al día en todos los aspectos. Aquellos protocolos que hace años seguíamos “a rajatabla” se han modificado necesariamente; ni qué decir de las medicaciones
que ya no usamos, etc. Es sano corregir pautas no adecuadas, pero más sano todavía es reconocer aquello que funciona bien, que sigue en vigor y sus beneficios siguen existiendo; reconocer y reafirmar lo que hacemos bien, para poder seguir avanzando.

En el mes de abril celebramos la  Semana Mundial de la Inmunización, que convoca la OMS como todos los años. Este año, el lema ha sido Las vacunas funcionan. Así de simple, sencillo y concreto, y así de rotundo. Me quedo con esta frase.

Artículo de la revista del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Asturias.

 

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