Autora:
Dra. M. Escorial Briso-Montiano.
Es una lesión de la piel muy común, sobre todo, en la adolescencia. Se caracteriza por la presencia de granitos en la cara, espalda y/o parte superior del tórax. Llamamos comedones a los puntos negros/blancos; pápulas, a los granos rojos; pústulas, a las lesiones rojas que ya tienen pus; y quistes, a los bultos profundos (habitualmente dolorosos).
El acné puede clasificarse según su intensidad en leve (predominancia de comedones, con pápulas escasas), moderado (predominancia de pápulas y pústulas, con comedones) y grave (presencia de nódulos inflamatorios y quistes).
Inicialmente, el diagnóstico lo hará vuestro pediatra de Atención Primaria. La elección del tratamiento se hace en función del tipo de lesiones y de su gravedad. Lo habitual es empezar por un tratamiento tópico y programar un seguimiento cada 2-3 meses, según los casos. Es importante acudir a esas citas para poder valorar, en función de la evolución, si hay que ajustar o modificar el tratamiento.
Los tratamientos tópicos deben aplicarse sobre todo el área afectada, no solo sobre las lesiones. Su efecto puede tardar 4-6 semanas en empezar a manifestarse y 3-4 meses hasta alcanzar el máximo de eficacia. Al inicio, pueden causar irritación de la piel o aparente empeoramiento de las lesiones y no por ello hay que interrumpir el tratamiento.
Dependiendo de la evolución, a veces es necesario recurrir a tratamientos orales con antibióticos o retinoides o derivar al dermatólogo.
No hay que minimizar esta patología. La adolescencia es una época de la vida en la que la imagen personal es muy importante y el acné puede causar baja autoestima y tendencia al aislamiento social. Hay que evitar frases del tipo «esto nos ha pasado a todos», «no tiene importancia», etc., porque, aunque pueda ser cierto, no ayuda a resolver el problema.
No hay evidencia científica de que la mala higiene favorezca el acné. Esto no quiere decir que no haya que mantener unas medidas higiénicas generales, pero no hay que obsesionarse con una limpieza exhaustiva. Basta lavarse la cara por la mañana (como todo el mundo) y por la noche antes de aplicar el tratamiento.
Tampoco hay base científica para afirmar que haya alimentos implicados en la aparición del acné (tradicionalmente, chocolate o chorizo). Si recomendamos restringir algunos alimentos es porque no forman parte de una dieta saludable.
Lo que sí es importante es evitar la manipulación de las lesiones porque facilita que se infecten y, a largo plazo, pueden quedar cicatrices residuales.
Conviene utilizar fotoprotección no comedogénica durante todo el año para evitar las cicatrices. Si se va a usar algún tipo de maquillaje, conviene informarse de cuáles son los más adecuados para no ocluir los poros y empeorar las lesiones. Normalmente, elegiremos productos no comedogénicos, indicados para pieles grasas, y procuraremos no abusar de ellos. La máscara de pestañas o los gloss/barras de labios pueden usarse sin problema.
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