Carro-Rodríguez MA, Hidalgo-Montes I, Jovani-Casano C, y cols; Grupo de Trabajo de Motilidad y Trastornos Gastrointestinales funcionales de la SEGHNP. Recomendaciones de manejo de la dispepsia funcional del Grupo de Trabajo de Motilidad y Trastornos Gastrointestinales Funcionales de la SEGHNP. An Pediatr (Barc). 2025;102(5):503860
La valoración de la dispepsia funcional en niños es complicada. Conlleva incertidumbres desde la propia definición, la variedad de síntomas, el amplio diagnóstico diferencial hasta la ausencia de un diagnóstico y tratamiento óptimos. Existe una gran variabilidad en el manejo de la misma en nuestro medio. Por ello, el objetivo de este texto es elaborar una serie de recomendaciones que sirvan como guía de acuerdo a la mejor evidencia disponible.
La dispepsia funcional es una entidad clínica que comprende, entre otros, plenitud posprandial, saciedad precoz, dolor epigástrico y/o ardor epigástrico no asociado a la defecación. Su prevalencia aproximada es del 5% en niños y adolescentes. Según los criterios Roma IV uno o más de estos síntomas debe estar presente más de 4 días al mes en 2 meses consecutivos. Además, clasifica la dispepsia funcional en dos subtipos: síndrome de malestar posprandial y síndrome de dolor epigástrico que con frecuencia se solapan. En el contexto de un paciente con esta sospecha las causas orgánicas a descartar son: úlcera péptica, enfermedad por reflujo gastroesofágico, enfermedad celiaca, enfermedad de Crohn del tracto gastrointestinal superior, trastornos pancreáticos o biliares, intolerancia a alimentos o fármacos, giardiasis, gastroenteritis eosinofílica o enfermedades sistémicas. En relación con el eje intestino-cerebro-microbiota, trastornos como la ansiedad o la depresión se reportan con más frecuencia en esta población, y probablemente la precedan, aunque su relación causal no está bien establecida.
El diagnóstico de la dispepsia funcional se puede realizar sin pruebas complementarias si no existen datos de alarma y se cumplen los criterios establecidos en Roma IV. Las situaciones que obligan a realizar pruebas complementarias son: historia familiar de enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celiaca o úlcera péptica; dolor abdominal persistente en cuadrante superior o inferior derecho; disfagia, odinofagia, vómitos persistentes, sangrado digestivo, anemia; deposiciones nocturnas, artritis, enfermedad perianal, pérdida de peso; retraso del crecimiento, pubertad retrasada o fiebre inexplicada. La indicación de realizar endoscopia digestiva alta se considera en niños que, tras un diagnóstico de dispepsia funcional, desarrollen en su evolución síntomas de alarma. En este contexto, la presencia en esta de úlceras y/o erosiones conlleva la búsqueda activa de Helicobacter pylori descartándose para su estudio las pruebas no invasivas.
El enfoque terapéutico incluye fármacos, terapias complementarias y apoyo psicológico. Los estudios sobre el uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP) y antagonistas de receptores H2 son escasos y con sesgos. Podría emplearse como primera aproximación una pauta corta de IBPs de 4 a 8 semanas a dosis habituales con ajustes posteriores según respuesta. El uso de probióticos o moduladores de la microbiota, aunque muy populares, no tienen evidencia contrastada en este tipo de patología en población infantil, por lo que no se recomienda su uso. Los procinéticos se utilizan con el objetivo de aumentar la motilidad y mejorar el retraso del vaciamiento gástrico. Actualmente, tampoco existe evidencia suficiente para su prescripción, aunque pueden ofrecerse si están disponibles. Atención al riesgo de efectos adversos como la prolongación del QT o síntomas extrapiramidales. Como ya se ha mencionado, cada vez se da mayor importancia al eje intestino-cerebro, de ahí que los neuromoduladores centrales tengan su papel en el tratamiento de la dispepsia. El consenso europeo publicado en 2021 recomienda ofrecer tratamiento con antidepresivos tricíclicos en las dispepsias funcionales refractarias de pacientes adultos. Aunque en pediatría no existen estudios de alta calidad para sentar unas indicaciones claras, por extrapolación, pueden utilizarse en las mismas situaciones. La ciproheptadina utilizada como relajante fúndico se contempla particularmente en el síndrome de malestar posprandial. Finalmente, otra opción disponible es el uso de terapias herbales. Iberogast® se basa en un único estudio en población pediátrica con resultados prometedores, pero con seguimiento escaso, y NeoBianacid® no dispone de estudios en población pediátrica.
La hipnoterapia se considera muy eficaz en el tratamiento del síndrome de intestino irritable y del dolor abdominal no especificado en niños. En la dispepsia funcional, en cambio, existen pocos estudios que la avalen. En los últimos años, se ha dado cada vez más importancia a pautas dietéticas nutricionales en el manejo de trastornos funcionales como la dieta FODMAP. En este momento, y dado el riesgo de restricciones dietéticas de importancia en el desarrollo del niño, el único tipo de intervención recomendada es una dieta equilibrada de tipo mediterránea evitando productos que favorezcan el reflujo gastroesofágico (cafeína, teína, picantes, bebidas carbonatadas, etc.).
En población pediátrica no existen cuestionarios validados para evaluar la respuesta al tratamiento o la afectación de los síntomas en la calidad de vida. En ausencia de signos de alarma y siempre apoyándose en los criterios Roma IV se puede diagnosticar y realizar el primer abordaje terapéutico en atención primaria. Pueden explicarse los síntomas e intentar la modificación de factores psicosociales y de la dieta. Se considerará derivar a atención especializada los niños con síntomas de alarma o en caso de síntomas persistentes o graves que afecten a la calidad de vida. El propio texto ofrece dos algoritmos de diagnóstico, tratamiento y seguimiento para estos pacientes en atención primaria y atención especializada.














