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El discurso de nuestro presidente, Cristóbal Coronel, por el Día de la Atención Primaria

22 Abr 2022 | Actualidad, Noticias

El miércoles 20 de abril el Foro de Atención Primaria organizó una rueda de prensa por el Día de la Atención Primaria para denunciar la falta de acción política sobre este primer nivel asistencial, que se encuentra en una situación muy compleja. El presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), Cristóbal Coronel, participó en la mesa con el siguiente discurso:

Hoy es un día festivo y estamos aquí reunidos porque celebramos el Día de la Atención Primaria (AP). Si bien esta alegría contrasta con la opinión de algunos que piensan que la AP se encuentra en la UCI y para otros en situación claramente agonizante. Yo soy de los que piensan como estos últimos, puesto que se encuentra en una situación terminal tal como la conocíamos antes. Y lo peor es que no está recibiendo asistencia de ningún tipo, solo reuniones baldías en las que se debate sobre el diagnóstico y la gravedad de la situación, sin aportar soluciones, sin implementar el tratamiento de choque que necesita y sin adoptar medidas para su recuperación y puesta en valor que la saquen de la agonía y letargo en la que se encuentra. En definitiva, está abandonada a su suerte.

El modelo de la AP española es envidiado por todos los países de nuestro entorno. Formamos a muchos médicos con un elevado coste para el sistema sanitario público que luego van dirigidos a engrosar las plantillas del extranjero o de las consultas privadas.

En España, desde hace más de 15 años y mucho más desde los años 2014-2015, venimos denunciando un empeoramiento de la situación de los profesionales en los equipos de AP. Ya no vale decir que hay más recursos y más personal en la sanidad, cuando esto lo acapara todo el hospital centrismo, estos recursos no llegan a la Atención Primaria. Se ha premiado el hospital como forma de organización de un sistema que a la larga resulta mucho más caro, ineficiente, menos satisfactorio para la población y claramente insostenible. Debemos dejarnos ya de hechos punteros que generan un impacto mediático a corto plazo y preocuparnos por la salud de todos los días, la de proximidad y la que soluciona más problemas a la población. La sociedad precisa del profesionalismo, el humanismo médico: necesitamos médicos de familia y pediatras, muy generalistas, polivalentes, cercanos y resolutivos. Para creernos este modelo la AP debe ser el eje y la columna del sistema sanitario.

Ya no vale decir que hay más recursos y más personal en la sanidad, cuando esto lo acapara todo el hospital centrismo y estos recursos no llegan a la Atención Primaria.

En concreto, los pediatras de AP somos como los linces, una especie en extinción, cada vez somos menos y no se encuentran. Esto ocurre porque se están quedando en los hospitales que los absorben y retienen, ofreciendo condiciones laborales más atractivas en contra de la AP, que supone más del 60% de las plazas de pediatra en España.

Resiliencia es la situación de los pediatras de AP, que se están adaptando al exterminio y su desaparición asumiendo cada vez más tareas con menos medios. Un niño es un bien escaso, tiene poco tiempo para formarse y toda una vida para vivir de esos resultados, por ello debemos conseguir que llegue a la edad adulta en las mejores condiciones. No todos los niños tienen los mismos derechos puesto que algunos de ellos, demasiados, no son atendidos por pediatras ni tienen accesibilidad a los mismos recursos. Esto, cada vez más frecuente, crea una tremenda desigualdad y una situación de inequidad.

Del Marco Estratégico para la Atención Primaria de 2019, que costó tanto esfuerzo y trabajo, no se ha implementado nada. Creemos que por falta de voluntad, pues muchas estrategias son de tipo normativo que no lleva aparejado coste y aún no se han realizado. Y seguimos dándole vueltas a lo que tenemos que hacer, parece que no hay voluntad, solo seguir reuniéndose y aparentar que se hace algo.

Del Marco Estratégico para la Atención Primaria de 2019, que costó tanto esfuerzo y trabajo, no se ha implementado nada. Creemos que por falta de voluntad, pues muchas estrategias son de tipo normativo que no lleva aparejado coste.

No podemos excusarnos en la pandemia, guerra o cualquier otra situación. Los gestores, que ahora son políticos, deben buscar el acuerdo y el consenso de todos para intentar encontrar soluciones. Parece que la élite política no sufre este problema, no utilizan las consultas de AP, recurren a mutuas o hospitales privados y en su mayoría no notan el pulso de la calle y la limitación de recursos. Bien harían los políticos en cumplir las leyes que ellos mismos elaboran y que luego ignoran, partiendo de la máxima Ley General de Sanidad (del 1986) en la que el eje del sistema sanitario es la AP.

En Primaria se deben adecuar los presupuestos a las necesidades reales y a paliar las carencias arrastradas desde hace mucho tiempo, que con la pandemia se han hecho más evidentes por fin para todo el mundo. La COVID-19 ha sido la gota que ha colmado el vaso, que ha puesto de manifiesto las “miserias y deficiencias a veces vergonzantes del sistema” que sobrevivía a duras penas con la entrega y voluntarismo de sus profesionales.

Tenemos y debemos de informar a la población de nuestras posibilidades y carencias, pues existe un maltrato institucional a la población a la que se le engaña con promesas y anima al consumo de servicios sanitarios sin que esto vaya parejo a un aumento de recursos. A veces los avances consisten en un cartel en la puerta de una consulta o del Centro de Salud, esta contradicción crea frustración en la población al no ver sus expectativas de salud cubiertas, con aumento de las agresiones al personal sanitario. Las colas en las puertas de los centros de salud evidenciaban una realidad oculta, parecen haber desaparecido, pero no es así, las colas y la masificación ahora están dentro.

¿Cómo se puede revertir la situación?

Sin lugar a duda, primero reconocer la importante labor que ya realizamos, segundo incentivar a los profesionales para que se ilusionen con la AP generando un entorno profesional y laboral atractivo. Eso incluye lo siguiente:

  • Incentivación basada en criterios profesionales, con unos salarios adecuados a las exigencias de titulación y esfuerzo permanente. No se pueden seguir ofertando contratos basura. Se quiere seguir manteniendo un sistema con bajo coste, con primas de seguros ridículas a nivel privado de mutuas y bajos sueldos en la pública.
  • Necesitamos estabilidad laboral.
  • Reconocimiento de la penosidad de los turnos de tarde y de la soledad del puesto de trabajo, que en muchos casos imposibilita la conciliación familiar.
  • Recuperar la política de sustituciones o implantar compensaciones económicas dignas cuando se ha de pasar la consulta del compañero ausente en el mismo horario. No creemos que sea cierto que no haya pediatras, sería mejor decir que no hay al precio que se quiere pagar por ellos. Esta situación de falta de pediatras no ocurre en todas las provincias por igual y desde luego no sucede así con los contratos hospitalarios o del ámbito privado, mucho más atractivos en todos los sentidos.
  • Debemos recuperar la labor de la AP preventiva, social, educación para la salud y comunitaria.
  • Se debe facilitar el acceso de los profesionales de AP a las actividades formativas y promover la investigación, teniendo en cuenta las características propias de dicho nivel asistencial.
  • La receta electrónica debe extenderse a todos los niveles asistenciales y el acceso al historial médico debe estar integrado a nivel nacional.
  • La formación de Pediatría de AP debe empezar en la universidad, con la creación de un área de competencias específicas en la formación de pregrado.
  • Eliminar el voluntarismo docente de pregrado y postgrado de los profesionales, ya agotados del «todo gratis», que sacan tiempo de su vida personal y cubren las ausencias de compañeros, realizando un trabajo extra docente que no se ve recompensado de ninguna forma. Se debe potenciar la figura del tutor del residente de Pediatría.
  • Aumentar de forma obligatoria la rotación de los residentes de Pediatría por AP a un mínimo de 6 meses durante los tres primeros años de la residencia. Es un hecho demostrable que, si la formación se lleva a cabo de forma mayoritaria en el ámbito hospitalario, a los que terminan les costará trabajar en la AP, dado que no la conocen suficientemente.
  • Posibilidad de acceder a la cartera de pruebas complementarias e incorporar medios diagnósticos necesarios (ecógrafos, test rápidos, autoanalizadores, etc.) en las consultas de Pediatría de AP.

Hoy es un día festivo y estamos aquí para celebrar el Día de la Atención Primaria, eso que tanto amamos los que nos dedicamos a ella. Queremos seguir sintiéndonos orgullosos de pertenecer ella y continuar acompañando a nuestros pacientes pediátricos y a sus familias en su desarrollo, pero para ello necesitamos el apoyo de la Administración. Necesitamos que crean en la Atención Primaria, que la dignifiquen y la coloquen en el lugar que le corresponde.

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