https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra2313146?query=featured_pediatrics
Se trata de una revisión exhaustiva de la enfermedad causada por Streptococcus agalactiae (estreptococo del grupo B, EGB), un patógeno oportunista que coloniza de forma habitual los tractos gastrointestinal y genitourinario humanos, pero que constituye la principal causa de infección bacteriana invasiva en recién nacidos en Estados Unidos y un importante problema de salud pública a nivel mundial. Se analizan la microbiología, epidemiología, patogenia, manifestaciones clínicas, tratamiento y estrategias de prevención, así como los avances en el desarrollo de vacunas.
Desde el punto de vista microbiológico, el EGB es un diplococo grampositivo facultativo cuyo principal factor de virulencia es su cápsula polisacarídica, estructuralmente diversa en diez serotipos. La cápsula, especialmente su residuo terminal de ácido siálico, permite la evasión del sistema inmunitario al inhibir la activación del complemento. La protección frente a la infección depende de anticuerpos específicos contra estos polisacáridos capsulares, lo que ha orientado el desarrollo de vacunas conjugadas. Además de la cápsula, diversas proteínas de superficie —como las proteínas alfalike, las proteínas del pili o la adhesina asociada al complejo clonal hipervirulento 17— participan en la adhesión, invasión tisular y evasión inmunitaria.
En términos epidemiológicos, la enfermedad afecta a todas las edades, pero los recién nacidos, lactantes jóvenes, embarazadas y adultos mayores de 65 años concentran la mayor carga. En 2020, el EGB causó aproximadamente 400.000 infecciones infantiles y entre 50.000 y 100.000 muertes neonatales en el mundo. La infección neonatal se clasifica en enfermedad de inicio precoz (0–6 días) y tardío (7–89 días), con mecanismos patogénicos diferenciados. La colonización rectovaginal materna es el principal factor de riesgo para la enfermedad precoz, mientras que la enfermedad tardía se relaciona con colonización orofaríngea o gastrointestinal del lactante y, en algunos casos, con mastitis materna. La prematuridad incrementa notablemente el riesgo y la gravedad en ambos tipos.
En embarazadas, el EGB puede causar bacteriuria, infecciones urinarias, corioamnionitis, endometritis y sepsis, además de asociarse a abortos y muerte fetal intrauterina. En adultos no gestantes, la incidencia ha aumentado en las últimas décadas, especialmente en personas con comorbilidades como diabetes, obesidad, cáncer o enfermedad cardiovascular. En este grupo, las manifestaciones incluyen bacteriemia, infecciones cutáneas y osteoarticulares, neumonía y sepsis, con una mortalidad del 5–6%.
El tratamiento se basa en antibióticos βlactámicos, frente a los cuales el EGB mantiene una sensibilidad casi universal. Sin embargo, la resistencia a macrólidos y lincosamidas es elevada, lo que limita las alternativas en pacientes con alergia a penicilina. La duración del tratamiento depende de la localización y gravedad, siendo más prolongada en meningitis o infecciones complicadas.
La prevención de la enfermedad neonatal de inicio precoz se fundamenta en la profilaxis antibiótica intraparto (PAI) en gestantes colonizadas o con factores de riesgo. Esta estrategia ha reducido la incidencia por un factor de diez, aunque no previene la enfermedad tardía y expone a aproximadamente la mitad de los recién nacidos a antibióticos antes del nacimiento. Además, su implementación es limitada en países de ingresos bajos y medios, y no existen estrategias preventivas para lactantes mayores ni adultos.
El desarrollo de vacunas conjugadas multivalentes representa la vía más prometedora para una prevención global. Ensayos clínicos recientes con vacunas hexavalentes han demostrado seguridad e inmunogenicidad en embarazadas, así como transferencia transplacentaria de anticuerpos. No obstante, persisten desafíos regulatorios y logísticos, como la definición de correlatos inmunológicos de protección y la necesidad de ensayos de gran tamaño para demostrar eficacia clínica.
En conjunto, el artículo subraya que, pese a los avances en profilaxis intraparto, el EGB continúa siendo un patógeno de gran relevancia clínica y epidemiológica. La llegada de vacunas eficaces podría transformar la prevención en todos los grupos de riesgo, especialmente en contextos con recursos limitados.













