Weiss SL, Peters MJ, Oczkowski SJW, et al. Surviving Sepsis Campaign International Guidelines for the Management of Sepsis And Septic Shock in Children 2026. Pediatr Crit Care Med. 2026 Apr 1;27(4):379-434
El diagnóstico de sepsis en la edad pediátrica constituye una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial. El reconocimiento temprano de esta situación, así como un manejo apropiado van a ser clave en el pronóstico tanto a corto como a largo plazo. Este texto actualiza las recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de la sepsis y shock séptico desde la época de lactante hasta la adolescencia.
Se ha realizado una revisión sistemática y un resumen de la misma evaluando después la calidad de la evidencia. Han tomado parte 68 expertos internacionales en la toma de decisiones para formular recomendaciones que se han catalogado como “fuertes” o “condicionales” y otras como declaraciones de “buenas prácticas”. Una cuarta situación se ha denominado “en nuestra práctica” e incluye unos patrones de práctica clínica que podrían ser adecuados, pero para los que todavía la evidencia no es concluyente. El texto aporta 61 recomendaciones de las que únicamente 5 se han considerado como “fuertes”. Algunas de las restantes llevan las siglas GPS (declaraciones de buena práctica) por juzgar el panel de expertos que, aunque no existe una evidencia directa, se considera que hay un beneficio inequívoco. Con respecto a la guía anterior de 2020, 20 declaraciones son nuevas, 13 se han actualizado por aparecer nueva evidencia, 6 se han revisado, pero no cambiado, y 22 se han mantenido sin realizar revisión.
De las 5 recomendaciones sólidas, 2 se refieren al diagnóstico y manejo inicial instando a los hospitales a incluir unas directrices estándar protocolizadas sobre esta patología. Entre las acciones a realizar está la medida del lactato en sangre si nos encontramos en una sospecha de este cuadro. Otro de los mensajes tiene que ver con las fuentes de infección, si nos enfrentamos a un paciente que es portador de un dispositivo central y hay sospecha de que éste sea el origen hay que valorar el riesgo/beneficio de su retirada después de asegurar otro acceso venoso. En el campo del tratamiento, en los pacientes en los que no se objetive hipotensión y estén siendo tratados en centros sin disponibilidad de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) no se recomienda utilizar fluidos en forma de bolos endovenosos y sí fluidos de mantenimiento. Por último, no se debe indicar la terapia con insulina para mantener la glucemia por debajo del rango establecido de 140 mg/dl.
Con respecto a las directrices etiquetadas con GPS aparecen prácticas como la indicación de recoger hemocultivo previo a iniciar la antibioterapia si esto no retrasa el tratamiento. La cobertura comenzará de forma empírica y se desescalará según resultados de cultivos y sensibilidad de los mismos. Con respecto a la terapia con líquidos, se debe evaluar la respuesta hemodinámica después de cada bolo administrado y suspenderse si el shock se resuelve o hay datos de sobrecarga. Se consideran marcadores del estado hemodinámico: la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el tiempo de llenado capilar, la temperatura de las extremidades, la calidad del pulso, el nivel de conciencia y la producción de orina. Después de alcanzar la estabilidad hemodinámica es razonable instaurar el control del balance de líquidos para evitar la sobrecarga, pero no comprometer la perfusión de los tejidos. Finalmente, para los niños que sobreviven a un episodio de estas características es recomendable evaluar el riesgo de morbilidad postsepsis y estar atentos ante la aparición de nuevas secuelas a largo plazo.
Llama la atención que la mayoría de directrices establecidas para el manejo de los niños con sepsis o shock séptico tienen todavía una evidencia relativamente baja. Destaca que solo 3 recomendaciones establecidas en la revisión tienen una evidencia alta o moderada. Todas se pueden revisar de manera ágil en las figuras que aparecen en el texto.









