Liu Z, Li M, Lv J, et al. Impact of COVID-19 infection on the sleep of infants and toddlers. BMC Pediatr. 2025 Sep 24;25(1):689
https://bmcpediatr.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12887-025-05841-z
El presente estudio tiene el objetivo de analizar cómo la infección COVID-19 afecta los patrones de sueño en lactantes y niños pequeños (0 a 35 meses) durante y hasta 6 meses tras la infección, comparando con niños no infectados. Para ello, se diseñó un estudio prospectivo durante 2023 que abarca niños de 0 a 35 meses con infección confirmada junto con controles emparejados por edad. Se excluyeron casos con enfermedades graves, condiciones que afectan el sueño o tratamientos concomitantes que pudieran alterarlo. Se utilizó el Brief Infant Sleep Questionnaire (BISQ) para medir parámetros del sueño (duración nocturna, duración diurna, latencia, número y duración de despertares nocturnos, hora de acostarse, etc.) al ingreso y en seguimientos a los 3 y 6 meses.
El análisis estadístico incluyó pruebas t, U de Mann–Whitney, chi-cuadrado y regresión logística (p < 0,05 como umbral de significación). De 1762 encuestas recibidas, 1505 fueron válidas: 713 en grupo COVID-19 y 792 controles. En los seguimientos participaron: 1327 a los 3 meses (634 infectados, 693 controles) y 1165 a los 6 meses (572 infectados, 593 controles).
Hubo diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en duración nocturna, duración diurna, duración de despertar nocturno, latencia y hora de acostarse (p < 0,05). A los 3 meses, el grupo COVID-19 mostraba menor duración del sueño nocturno (p = 0,036), mayor duración de los despertares nocturnos (p = 0,003) y mayor latencia del sueño (p = 0,022) respecto a controles. A los 6 meses, persistió una diferencia significativa en duración de los despertares nocturnos (p = 0,0183). En el análisis univariante de factores asociados al despertar nocturno prolongado (≥1 hora), variables como edad, prematuridad, lactancia, uso de luz nocturna, tiempo de pantalla y dormir durante la alimentación mostraron diferencias significativas (p < 0,05). En la regresión logística multivariante, la edad ≥ 12 meses fue factor protector frente a despertar nocturno, mientras que dormir mientras se alimenta y tiempo de pantalla ≥ 1 h fueron factores de riesgo independientes.
Como conclusión, la COVID-19 en esta población se asocia con alteraciones significativas y persistentes del sueño (especialmente aumentos del tiempo de despertar nocturno), que pueden mantenerse hasta 6 meses después de la infección. Factores ambientales como el hábito de dormir durante alimentación y el tiempo de pantalla modulan el riesgo. Se proponen medidas como la vigilancia rutinaria del sueño en pacientes pediátricos con COVID-19, la educación parental y el desarrollo de intervenciones para mitigar estas alteraciones.














