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Jornadas infancia y adolescencia “Ser niña o niño hoy en Andalucía”

La gran virtud de la infancia es que puede vivir con alegría incluso en medio de la adversidad. Menos mal que es así porque no resulta fácil ser niña o niño. Tal vez sea porque los adultos, que lo deciden todo por los pequeños, pero sin los pequeños, miran a los pobladores del planeta infantil más como hombres de futuro que como personas con derecho a vivir su presente.

Dicho de otro modo, las niñas o los niños pocas veces son considerados por su valor en sí mismos. Con harta frecuencia se les trata como futura mujer o como futuro hombre. Eso cuando no se les mira como futura ingeniera o como futuro arquitecto. O quizás, como futura azafata o ama de casa y como futuro futbolista de éxito.

Frente a esa óptica que deforma la realidad, la infancia tiene un enorme valor en sí misma. Son personas completas, plenas de derechos, que están hoy aquí. La niña y el niño tienen el derecho a disfrutar de su presente lejos aún de ansias o angustias futuras, y hacerlo a pleno pulmón junto con amigos, hermanos, padres y abuelos.

Ciertamente, la infancia no es un colectivo que permita etiquetas generalizadoras. No hay una infancia, sino muchas infancias y muchas maneras muy diferentes de vivir esa etapa de la vida que trae bajo el brazo con el buril que la va a cincelar para siempre. Para bien y para mal. Así, en lo material hay una infancia marcada por la carencia, como hay otra señalada por la opulencia, por la escasez o por la desmesura. Hay una infancia nacida en la adversidad, sea ésta económica, social, física o cultural. O peor, por una endiablada combinación de varias de esas adversidades o de todas juntas. Las sociedades empobrecidas, como la nuestra, se caracterizan precisamente por la reducción de las clases medias, por la agudización de los contrastes que condenan a la miseria a amplias capas de la población, mientras a una minoría la catapulta a la cima de recursos inconcebibles.

No está claro aún que estemos saliendo de esa crisis económica que ha sumido a una gran parte de nuestra infancia en un pozo de pobreza y riesgo de marginación. Pozo que ha sido menos trágico en muchos hogares, todo hay que decirlo, gracias al esfuerzo y al sacrificio de los más mayores.

Por eso vamos a hablar en estas jornadas de convivencia entre todas las edades. Hablaremos de la adversidad y sus mil caras: pobreza infantil, conflictos en la adolescencia, salud mental, acoso, discapacidad… Pero también de convivencia e interacción entre generaciones. Habrá análisis del maltrato, pero también del buentrato.

Habrá cuentos, teatro de sombras y proyectos. En definitiva, hacemos estas jornadas porque queremos conocer y dar a conocer el mundo infantil en todas sus dimensiones, con sus luces y sus sombras. Porque nos sentimos interpelados como profesionales y porque nos disgusta que haya una infancia –la que sufre la adversidad socialmente condenada a permanecer olvidada bajo un velo de sombra. Y porque nos enoja que haya otra infancia sobre expuesta, a la vez diana
y dardo de todas las publicidades imaginables e inimaginables, usada como infeliz objeto de consumo.
Ninguno de los deseos y de los propósitos anteriores sería posible sin tu intervención y sin la participación de las niñas y niños andaluces. Como sería imposible sin ellas y ellos construir una Andalucía sostenida sobre los pilares de la equidad y la justicia. Tú no puedes faltar.

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