Los pediatras analiza la violencia de género como un problema de la infancia y de salud pública

  • En España, el 63% de los casos de maltrato a la pareja se ha extendido a los hijos
  • Uno de cada 5 niños en Europa ha sufrido, sufre o sufrirá abuso sexual

Toledo, 18 de octubre de 2019. Los pediatras reunidos en Toledo en el Congreso de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) han profundizado hoy en la violencia de género, que han analizado como un problema de salud pública y pediátrico. En España, el 63% de los casos de maltrato a la pareja se ha extendido a los hijos. Los niños no están condenados a sufrir abuso por haber vivido en un entorno violento, pero sí tienen seis veces más probabilidades de que suceda. En cuanto a los datos europeos, estos reflejan que uno de cada 5 niños en Europa ha sufrido, sufre o sufrirá abuso sexual, lo que supone un 20% de la población infantil del continente.

Además, hay que tener en cuenta que el 90% de las mujeres maltratadas en nuestro país tiene hijos y que el 92% de los niños que viven en entornos con violencia de género son menores de edad. “Cuando hay violencia en un hogar es como aire intoxicado y vivir en un ambiente tóxico genera patologías”, ha apuntado la directora de Proyectos Luz Casanova, Julia Almansa, que ha mencionado las diferentes tipologías de maltrato infantil como consecuencia de la violencia de género: desde el maltrato físico hasta el mencionado abuso sexual, pasando por la negligencia en necesidades básicas del niño como la alimentación o la higiene y por el maltrato psicológico, con amenazas y actitudes verbales que denigran al niño.

El pediatra se puede encontrar en consulta con tres tipos de casos: el de una madre agredida, el de hijos agredidos o lesionados y el de menores víctimas de relaciones violentas. En cualquiera de estos casos, cuando el niño o adolescente llega a la consulta, “el pediatra debe tener en cuenta que tanto la madre como el niño han pasado por un hecho traumático y es probable que haya confusión y que las respuestas no sean claras, por lo que habrá que interpretar los signos y es fundamental generar un espacio de confianza y escucha, aunque la presión asistencial no ayude en este sentido”, ha apuntado Julia Almansa. “El profesional debe ser consciente de que no por hacer una pregunta directa va a haber una respuesta directa, sino todo lo contrario, lo más habitual es encontrarse con el hermetismo como respuesta y que la madre o el niño no vuelvan a aparecer”.

Como ha recordado Almansa, “se trata de no juzgar, porque la labor del pediatra en esta situación no es identificar si hay delito, sino detectar los problemas de salud; no minimizar el problema y no preguntar en exceso, para generar escucha, porque hasta que la violencia no se desvela, no se pueden poner medidas”. También ha apuntado que “el pediatra también debe poner sus límites, porque el paciente y la situación pueden llegar a ser muy absorbentes”.

El doctor Antonio Gancedo, del Hospital de Alcorcón, ha insistido en que “los pediatras debemos investigar y sensibilizarnos con estas situaciones, porque lo que no resolvamos ahora como profesionales y como sociedad, lo pagaremos después”

Gancedo también se ha referido al “gran riesgo que supone que muchos adolescentes se están familiarizando con la sexualidad a través de la pornografía, un aprendizaje no sano que acaba en problemas como el sexting o el ciberacoso”.

En el taller también se han desmontado algunos mitos como el de que una mujer que sufre violencia de género puede salir de la situación si lo desea. Almansa ha recordado el principio de la indefensión aprendida, por el que una mujer en esta situación durante un tiempo prolongado va perdiendo progresivamente su capacidad para reaccionar. Asimismo, el hecho de que los primeros estudios se llevaran a cabo en centros de acogida llevó hace años a pensar que la violencia de género era más habitual en entornos con escasos recursos, si bien hoy en día los profesionales que trabajan en el sector son conscientes de que afecta a todas las escalas sociales.

La responsabilidad del pediatra ante el paciente menor

Los aspectos legales y la capacidad de decisión del menor ante un tema de salud se han puesto sobre la mesa también el Congreso. Así, los pediatras han podido profundizar en la norma y en la excepcionalidad de la norma. Por ejemplo, una menor con 16 años podría solicitar anticonceptivos sin el consentimiento y sin informar a los padres. Los menores con 16 años cuentan con amplia autonomía en sus decisiones siempre que sean maduros y siempre que no pongan en riesgo su vida o salud. El derecho a la vida y a la salud prima por encima de la autonomía del menor, de la decisión de los padres, de las creencias religiosas y de cualquier otra cuestión.

En cuanto a una decisión de los padres contraria al derecho a la salud del menor, el médico debe dirigirse a la autoridad judicial salvo si por razones de urgencia debe adoptar las medidas necesarias para salvaguardar la vida o salud del menor.

Respecto al acceso a la historia clínica, corresponde al menor al cumplir los 16 años. Si tiene esta edad y es maduro, los padres necesitarían su autorización para ver la historia. En el caso de los menores de 16 años que no sean maduros o estén en situaciones de riesgo, los padres pueden tener un acceso parcial que garantice la intimidad del menor.

El Congreso, un evento referente en su sector, con más de una treintena de ediciones a sus espaldas y fuertemente arraigado como herramienta de actualización del conocimiento, podrá seguirse en las redes sociales mediante el hashtag #CongresoSEPEAP.

Más información sobre el XXXIII Congreso en www.congresosepeap.com y contenidos para los medios en la sala de prensa virtual:

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