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¿Por qué el pediatra español no investiga?

22 Ene 2015 | Actualidad, Actualidad Grupo de Trabajo Investigación y Calidad, Carrusel, Pediatría Integral

  • Sólo el 47% de las tomadas en Pediatría Extrahospitalaria se apoyan en conocimientos científicos consistentes.
  • La escasez de recursos de tiempo, técnicos y humanos frenan la capacidad investigadora del pediatra.

La medicina se ha considerado históricamente como una mezcla de tres ingredientes prácticos: ciencia, técnica y arte. La medicina en si misma es una actividad mucho más antigua que la ciencia: la ciencia tiene 300 años, la Medicina aparece en los albores de la humanidad.

people-219985_1280 Freedomine in picabay CCONo toda la práctica médica se basa en conocimientos científicos. En este sentido, son pocos los estudios que se han diseñado para evaluar en qué grado la práctica de la Pediatría se basa en datos fiables o científicamente verificados.

Siguiendo el mismo modelo de estudio, con el que Smith y Bunker estimaron que de un 15 a 20% de las intervenciones en medicina clínica se apoyan en conocimientos científicos consistentes, se ha reconocido que el 77% de las decisiones tomadas en cirugía pediátrica, 47% de las tomadas en Pediatría Extrahospitalaria y 96% en cuidados intensivos neonatales, son aceptables y convincentes desde el punto de vista científico. Este tipo de datos reafirma la idea de que la medicina no es una ciencia. En el mejor de los casos, es “un producto de la ciencia” y estará fundamentada sobre conocimientos científicos en mayor o menor medida, según la vocación y formación individual de cada profesional y el grado de solidez empírica de los principios que sustentan el campo médico en el que nos movemos. Aunque la práctica clínica, como tal, no es una ciencia.

¿Tiene el pediatra español posibilidad, obligación o necesidad de investigar?

Realmente sobran razones para que tengamos la investigación, se pueden enumerar razones éticas, legales, normativas o contractuales, e incluso de idoneidad. Pese a todo, nos hemos centrado en los motivos teóricos que deberían llevar a un pediatra clínico a investigar:

  • El incentivo de carrera profesional: de escasa relevancia, ya que este es, hoy por hoy, inexistente.
  • El estímulo económico, que es débil, dado que los recursos son escasos. Únicamente los ensayos clínicos promovidos por empresas privadas, están suponiendo una ayuda económica para algunos pediatras, poco significativa en cualquier caso.
  • La promoción académica, que al igual que la carrera profesional, es prácticamente nula.
  • La necesidad
  • La búsqueda de prestigio social y científico, y
  • La indagación teórica en la búsqueda de la verdad,
  • El estímulo profesional, que obtiene de la investigación un complemento al ejercicio clínico, evitando que se convierta en monotonía, en hastío, en riesgo real de pérdida de contacto con el ejercicio eficiente de nuestro trabajo.

A estas motivaciones debemos contraponerle las barreras que limitan esos motivos. Aquellas que finalmente acaban por limitar o incluso detener el impulso investigador. Estas barreras serían:

  • Problemas éticos originados por la falta de autonomía de la persona de corta edad y por su vulnerabilidad, incluso disponiendo de instrumentos de medida fiables para valorar estas respuestas.
  • Explicar y convencer a los padres –en quienes está delegado el consentimiento informado– que se quiere incluir a su hijo en un ensayo clínico donde se van a valorar tratamientos rivales o sin garantía de éxito.
  • El 70% de los pediatras trabajan en Atención Primaria (AP), donde escasean los recursos de tiempo (la carga asistencial es alta), técnicos (tanto de explotación de fuentes informáticas como bibliográficas), ni humanos (por ejemplo, el tiempo de permanencia de los residentes es corto).
  • La dispersión, además, origina dificultades de comunicación entre profesionales y entre niveles asistenciales.
  • El poco esfuerzo para mejorar la formación en investigación. Su promoción y reconocimiento pueden considerarse, siendo benévolos, de limitados.

El resultado de todas estas dificultades deviene en una escasa cultura investigadora y lleva a realizar fundamentalmente estudios descriptivos (donde no se contrastan hipótesis ni se infiere causalidad) y con abundantes deficiencias metodológicas, tales como uso infrecuente de técnicas de muestreo aleatorio, muestras de tamaño reducido, etc.

La investigación de Pediatría en Atención Primaria se ha convertido, como Kuhn denomina, en  ciencia “normal”, que no es más que la repetición de observaciones, metodológicamente científicas pero sin innovación de ideas, y no se expresa en revistas extranjeras, sino en los órganos oficiales de las sociedades nacionales. A pesar de que esta ciencia es necesaria, hacen falta científicos capaces de “hacer saltar el paradigma dominante”.

Los pediatras debemos enumerar los puntos que consideramos necesarios para mejorar la calidad de la investigación en Pediatría de Atención Primaria:

  • Generar dentro de nuestra profesión un “ambiente cultural”, en el que se reconozca el trabajo en investigación clínica;
  • Promocionar líneas de investigación prioritarias, especialmente en AP; y
  • Crear redes mixtas de investigadores formadas por pediatras de hospital y de AP, que desarrollen proyectos viables y relevantes

Para mejorar esta calidad de la investigación es necesario facilitar los recursos, mejorar la formación investigadora y crear condiciones laborales que permitan investigar. En definitiva, hacer posible el desarrollo de una “masa crítica” de investigadores de un nivel superior al actual, que permita incrementar la validez científica de nuestras decisiones.

Esta información es parte de la editorial del actual número de Pediatría Integral, firmada por el Dr. Venancio Martínez Suárez, pediatra del Centro de Salud de El Llano en Gijón,  Director del Grupo de Investigación de la SEPEAP y Presidente de la Sociedad.

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