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Promesas rotas de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia

Promesas rotas de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia

  • 159 millones de niños que sufren desnutrición crónica, la mitad viven en África subsahariana o en el sur de Asia.

  • Cada año mueren 515.000 mujeres a causa de complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto.

El Día Universal del Niño, que se celebra todos los años el 20 de noviembre, es un día dedicado a todos los niños y niñas del mundo. Este día mundial recuerda que todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemen-te del lugar del mundo en el que haya nacido.
José es un nombre frecuente en España. Nació el mismo año (1990) en que se celebró en Nueva York la Cumbre Mundial a favor de la Infancia. Vino al mundo en una época en que las cuestiones de la infancia ocupaban un lugar destacado en el temario mundial. El optimismo era imperante. La guerra fría terminó y se tenía la esperanza de que el dinero gastado hasta entonces en armamento pudiera dedicarse al desarrollo humano.
Aquella cumbre reflejaba la esperanza del mundo respecto a los niños. Los líderes mundiales prometieron que ratificarían la Convención sobre los Derechos de los Niños, y fijaron metas para la reducción de la mortalidad infantil, el aumento de la cobertura de la prevención, la prestación de servicios de educación básica… y otros muchos objetivos que se debía alcanzar para el año 2000. Desde la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria de Atención Primaria (SEPEAP), hemos querido valorar el cumplimiento de los acuerdos de esta cumbre.
Hoy José ha cumplido 25 años y, aunque él no lo sepa, alguien le ha engañado. Su vida es muy similar a la que hubiera tenido en 1990 a la edad que tiene ahora. Debe trabajar mucho. No fue a la escuela regularmente, tampoco sabe mucho de sus derechos, pero tiene suerte de estar vivo.
Aunque un solo niño no puede representar a todo el mundo, los datos recopilados sobre los objetivos establecidos en aquella Cumbre Mundial muestran, 25 años después, un extenso catálogo de promesas rotas que afectan a millones de niños como José.
Reducido proporcionalmente a un grupo de 100 menores, las estadísticas de aquella generación engañada serían las siguientes: el nacimiento de 33 niños no se habría registrado; algunos no tendrían acceso a establecimientos sanitarios o escuelas; unos 32 habrían sufrido desnutrición en los primeros años de su vida y 27 no habrían sido vacunados contra ninguna enfermedad. Nueve habrían muerto antes de cumplir los 5 años, 18 no tendrían agua potable.
Equidad © de UNICEF, nigeria, EJIOFORLa primera meta de aquella Cumbre era disminuir en una tercera parte las tasas de mortalidad infantil y de los menores de 5 años entre 1990 y 2000. Sin embargo, la reducción general fue del 14%, lo que –en cualquier caso- implica una notable mejoría, ya que significa que en 10 años, 3 millones de niños superan con vida su quinto cumpleaños.
Más de 60 países lograron el objetivo de reducir esas tasas. En una tercera parte, entre ellos, la mayoría de los países de la Unión Europea y África Septentrional y muchos otros de Asia Oriental, Oceanía, las Américas y Oriente Medio.
Respecto a la nutrición, la meta principal consistía en reducir a la mitad las tasas de desnutrición de los niños menores de 5 años. Este objetivo se ha logrado con creces en América del Sur, pero el descenso de los países en desarrollo ha sido solo del 17%. En Asia bajaron del 36 al 29%, mientras que en África, el sur del Sáhara aumentó el número absoluto de niños desnutridos. La mitad de los 159 millones de niños que sufren desnutrición crónica viven en África subsahariana o en el sur de Asia.
Por otra parte las repercusiones del virus del VIH/Sida están frustrando los esfuerzos de los países de todo el mundo por dar prioridad al desarrollo humano y a los derechos de las mujeres y de los niños. En América Latina y el Caribe, unos 210.000 niños y adultos se contagiaron con el virus en el año 2000, lo que elevó a 1,8 millones el número de personas seropositivas. El país más afectado de la región es Haití, donde se calcula que hay 74.000 huérfanos a causa del Sida.
Pero donde la epidemia muestra los resultados más devastadores es en las regiones meridional y oriental de África, donde después de varias décadas de mejoría, las tasas de esperanza de vida se están desplomando.
Otro de los grandes objetivos de aquella Cumbre era reducir en un 50% la tasa de mortalidad materna. Desgraciadamente, y pese a un incremento moderado en la proporción de partos asistidos por personal especializado, cada año siguen muriendo 515.000 mujeres a causa de complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto.
También las metas de acceso universal al agua potable y al saneamiento distaron mucho de haberse logrado en el decenio de 1990. El porcentaje de personas que disponen de esos servicios ha aumentado: del 79 al 82% en el caso de acceso al agua y del 55 al 60% en el acceso al saneamiento. Sin embargo, unos 1.100 millones de personas carecen de agua potable y 2.400 millones no disponen de saneamiento adecuado.
Hoy debemos recordar que ningún país ha ingresado en la senda del desarrollo significativo y sostenido sin haber realizado una inversión considerable en beneficio de sus niños. Para José y los niños del decenio de 1990, para quienes nacieron en la época de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia, ya es demasiado tarde. Pero las decisiones que se han tomado en la última Cumbre, junio 2002, también en Nueva York, en la Sesión Especial a favor de la infancia de las Naciones Unidas, y las medidas que se apliquen en los años posteriores pueden y deberían cambiar el destino de la próxima generación.

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