Haiden N, Fewtrell M, Segerstad EHA, et al. Safety of infant milks: Contamination with cereulide. A commentary by ESPGHAN (European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition). J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2026 Jun 30. doi: 10.1002/jpn3.70488
Desde finales de 2025, varios fabricantes europeos de fórmulas infantiles y de continuación han retirado de forma preventiva lotes contaminados con cereulida, una toxina emética termoestable producida por determinadas cepas de Bacillus cereus. El origen se atribuyó a un aceite de origen en algas empleado como fuente de ácido araquidónico (ARA), suministrado por un único proveedor, sin detectarse bacterias vivas en los productos.
La cereulida provoca típicamente vómitos, náuseas y dolor abdominal entre 15 minutos y 6 horas tras la ingesta, con cuadros que suelen autolimitarse en 24 horas, aunque exposiciones muy elevadas se han asociado excepcionalmente a fallo hepático y multiorgánico. La EFSA estableció una dosis de referencia aguda de 0,014 μg/kg/día, de la que derivan umbrales de seguridad de 0,054 μg/L en fórmula de inicio y 0,1 μg/L en fórmula de continuación. Los controles oficiales muestran contaminación solo en una minoría de muestras, con niveles generalmente inferiores a estos umbrales.
Se han notificado lactantes sintomáticos en varios países europeos en relación con los lotes retirados, aunque los autores destacan que síntomas como vómitos o diarrea son muy frecuentes en la infancia y de causa múltiple, lo que dificulta establecer una relación causal firme con la fórmula consumida.
Los autores advierten de que la preocupación por la seguridad no debe llevar a sustituir la fórmula por alternativas inadecuadas (leche de vaca sin modificar, otras leches animales o bebidas vegetales), no reguladas para menores de 12 meses y con riesgo de desequilibrios nutricionales. Asimismo, respaldan mantener el aporte de ARA junto con DHA en las fórmulas, dado su papel en el desarrollo cerebral y visual, recordando que la contaminación afectó solo a los aceites de un proveedor concreto.
En conclusión, aunque las concentraciones detectadas pudieron superar puntualmente los umbrales de la EFSA, es poco probable que hayan supuesto un riesgo real de salud. Los autores insisten en la necesidad de vigilancia continuada y metodologías analíticas validadas, evitando al mismo tiempo que las medidas de gestión del riesgo favorezcan el uso de sustitutos nutricionalmente inadecuados.











