Autora:
María Escorial
Los TCA engloban la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y otros trastornos no especificados. Son graves porque generan muertes prematuras y por su tendencia a la cronificación con limitaciones para la vida diaria.
Aunque pueden afectar a personas de cualquier edad y condición, es cierto que el 85 % de los casos se inician entre los 14 y 18 años. Y a pesar de que sigue siendo más frecuente en mujeres, la tendencia actual es a un aumento progresivo también entre los hombres. Otra tendencia que observamos es que se está adelantando la edad de inicio.
Los TCA tienen mucho que ver con la autopercepción y durante la adolescencia es cuando el cuerpo experimenta los mayores cambios y en poco tiempo. Si añadimos que es la época en la que se quiere tener una buena apariencia y “gustar a los demás” estamos comprando muchas papeletas para su aparición.
Desafortunadamente, el entorno y las redes sociales ejercen una gran presión y bombardean continuamente con el mensaje de que para triunfar en la sociedad es imprescindible responder a un canon establecido de belleza. Esto hace que muchos jóvenes se muestren inseguros con sus cambios corporales, no acepten su aspecto físico y traten de cambiarlo a través de conductas poco saludables que pueden poner en peligro su salud. P. ej., aumentan exageradamente la actividad física o, más habitualmente, inician dietas muy restrictivas que pueden desencadenar TCA.
El objetivo es detectarlos a tiempo, cuando se están iniciando, para que tengan la mínima repercusión a nivel físico, emocional, cognitivo y psicosocial. Además, cuanto antes lo detectemos, más posibilidades hay de curación.
La anorexia nerviosa se caracteriza por una pérdida de peso asociada a la distorsión de la imagen corporal y miedo a la obesidad. A pesar de estar delgadas, quieren tener un peso lo más bajo posible. Para ello comen lo mínimo o solo ingieren alimentos bajos en calorías. En las mujeres se alteran o desaparecen los ciclos menstruales. En algunos casos también realizan ejercicio físico excesivo o conductas compensatorias, como vómitos autoprovocados o uso de laxantes o diuréticos.
En la bulimia nerviosa lo característico son los atracones (episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos en periodos breves de tiempo) que no pueden controlar, junto con una preocupación exagerada por el control del peso corporal. Después del atracón se sienten culpables o frustrados y se producen conductas compensatorias. Hay un deseo obsesivo de perder peso, pero lo irregular de su conducta no lo permite.
En el trastorno por atracón hay atracones pero sin conducta compensatoria, como en la bulimia. Con frecuencia, el uso de la comida está vinculado a conflictos emocionales.
Aunque hemos dicho que puede afectar a cualquier persona, hay una serie de factores predisponentes:
- Sobrepeso en la infancia.
- Perfil psicológico: perfeccionistas, competitivas, éxito académico, pero inseguridad emocional, baja autoestima.
- Estilo de crianza con excesiva sobreprotección o mucha rigidez, con dificultad para comunicar las emociones negativas.
Los factores precipitantes serían los cambios en la adolescencia y la influencia del modelo cultural de delgadez que conduce a iniciar una dieta baja en calorías sin consultar al médico. Los adolescentes que realizan dietas anormales tienen 7 veces más riesgo de desarrollar un TCA.
Otros factores precipitantes serían el hábito de comer solos o determinados deportes como la gimnasia, el ballet o deportes en los que el peso se tiene en cuenta (judo, remo…).
Para detectar precozmente estos trastornos los padres, profesores y pediatras estamos en una situación privilegiada. A veces son cambios sutiles detectados por amigos o profesores en el centro escolar, donde se sienten menos observados. Otras veces es en casa donde salta la alarma.
¿Cómo se puede sospechar que una persona tiene un trastorno de la conducta alimentaria?
- Comienza a comer sola, fuera de casa o a evitar comer con sus familiares.
- Rechaza alimentos hipercalóricos o formas de preparación grasas, como fritos o salsas.
- Discute o regatea las raciones. Trocea mucho los alimentos.
- Bebe agua en gran cantidad, antes o durante las comidas.
- Visita con frecuencia el baño, en especial tras las comidas.
- Prefiere alimentos light o busca chicles o caramelos sin azúcar.
- Muestra interés por el contenido de los alimentos o su preparación.
- Comienza a realizar más ejercicio físico, en especial a solas o a escondidas
- Abandona actividades con las que antes disfrutaba, deja de quedar con sus amigos.

















