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«Vamos a seguir insistiendo con la vacunación infantil»

Entrevista de A. RUBIERA en La Nueva España

La gijonesa Belén Aguirrezabalaga González lleva casi veinte años ejerciendo la pediatría en atención primaria. Recién incorporada al centro de salud de Montevil, la labor diaria la compagina con la coordinación del grupo de trabajo sobre vacunas de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). La obligación del grupo es mantener actualizados a todos los profesionales en lo relativo a las inmunizaciones, salir al paso de cuestiones de actualidad e incluso orientar la información que se debe dar a las familias.

LNE_2016/06/07 : Avilés : 19 : Página 1–¿Ha llegado a la región el rechazo a las vacunas infantiles?

–No, en Asturias no están en cuestión. Sólo he conocido un caso de un niño que llegó a mi cupo procedente de otra región y con 9 años no está vacunado de nada. Aquí se asume como algo fundamental para la salud de los hijos.

–¿Los padres no preguntan por qué y para qué?

–El calendario oficial no lo cuestionan, saben que es beneficioso. De hecho, es muy bueno, un lujo. Sólo te preguntan por lo que está fuera del calendario oficial. Aunque es cierto que empiezan a verse grupos concretos de padres, de colectivos de crianza, que hacen preguntas más selectivas. Pero sin oposición radical.

–No ocurre así en otras comunidades.

–En Cataluña, por ejemplo. Allí hay grupos antivacunas muy fuertes. Por eso nuestra labor es no dar nada por sentado, hay que insistir en la conveniencia. Se dice que el mayor peligro de las vacunas es su propio éxito y quiere decir que no nos damos cuenta de sus beneficios porque ya no vemos las enfermedades, porque las estamos previniendo. Incluso entre los grupos más antivacunas no se dan cuenta de que, como todos los niños están vacunados, los que no lo están se benefician de la inmunización de grupo, y eso hace que los padres tampoco perciban correctamente el riesgo.

–Y surgen casos como el del niño de Olot que falleció de difteria. Eso usted, ¿cómo lo vive?

–Literalmente se me saltan las lágrimas, sobre todo por esos padres que creían que estaban haciendo lo mejor para su hijo, y por eso lo que les pasa es terrible. Pero es una señal de alarma que me lleva a pensar que el riesgo existe, los gérmenes están ahí y se van a aprovechar de las bolsas de niños no vacunados. Sólo desapareció la viruela, así que siempre será importante insistir que las vacunas son un logro.

–¿De esas enfermedades infantiles que parece que han pasado a la historia sólo nos hemos librado de la viruela?

–Sólo. Europa también está libre de polio, pero el mundo no.

–Y eso en una sociedad más viajera y con menos fronteras.

–Eso es lo peligroso. Hoy un padre no sabe qué futuro va a tener su hijo, dónde va a trabajar, dónde va a vivir y en qué ambiente epidemiológico se va a mover. Y vete a saber si donde vaya a vivir hay polio o un montón de enfermedades que has podido evitar con una vacuna infantil.

–Asturias recién ha modificado su calendario infantil. ¿Cómo lo valora?

–Entró en vigor en abril y estamos satisfechos. Incluye la vacuna de la varicela y actualiza las pautas, con reducción de dosis, de algunas vacunas que ya se aplicaban. Es bueno que se hagan cambios porque es sinónimo de que se hace un proceso de vigilancia de las enfermedades.

–¿Por qué se introdujo la vacuna de la varicela?

–La varicela, que ahora está en su época fuerte, tiene la peculiaridad de que es una enfermedad de la que prácticamente todos los niños se contagian. Todos los problemas y los costes que supone enfermar, tanto sanitarios como de pérdida de colegio, de horas de trabajo de los padres… se previenen con dos dosis de vacuna.

–No se pondera sólo la gravedad de una enfermedad.

–Se ponderan muchas cosas. Entre ellas que esa varicela que es leve en la infancia, en adultos no lo es tanto. Y si hoy no vacunas a los niños pueden llegar a la edad adulta sin haber pasado la varicela, y en ese momento la enfermedad ya es más seria, incluso supone un riesgo enorme en embarazadas, ya que una varicela neonatal puede ser mortal. Ahora no se permite que un niño pase de la adolescencia sin estar inmunizado de la varicela.

–¿Y hasta ahora?

–Desde 2005 no se deja que los niños pasen de la edad pediátrica sin vacunar. Somos conscientes de que hay un grupo de adultos sin la inmunización, con la circunstancia añadida de que son los que ahora están teniendo hijos, y se están contagiando por ellos.

–¿Deberían vacunarse esos adultos?

–Sí, se puede hacer y merece la pena. Son dos dosis separadas por un mes y se evitan riesgos.

–¿Como sociedad profesional, se echa en falta algo en este nuevo calendario?

–Sí, la vacuna del rotavirus, que protege contra una gastroenteritis muy típica de guarderías y que se contagia con facilidad, y la nueva vacuna del meningococo B. Puedo entender el planteamiento de la Administración asturiana, que no quiere asumir el coste de una vacunación general –además la vacuna es muy cara y hay problemas de suministro– ante una enfermedad con muy pocos casos, pero mi visión como profesional es diferente.

–¿Cuál es la suya?

–Yo sólo puedo decir que si por fin tenemos una vacuna que es fantástica contra un germen muy agresivo, y mortal hasta en un 10% de los casos, pues queremos que se ponga. Cualquier pediatra que haya visto lo que hace ese germen no lo olvida en la vida.

–¿Qué les dice a las familias?

–Moralmente me siento en el deber de informar de que existe esa vacuna, de que es eficaz y es segura frente a un germen muy agresivo. Y también debo informar a los padres que no se la van a financiar. Ni siquiera puedo decir que la Administración esté equivocada, ya que los recursos son limitados. Son visiones diferentes.

–Y entonces, ¿qué hacer?

–Con información, sin agobios y con calma, los progenitores deben pensar y decidir. Gracias a Dios hay muy pocos casos de esta meningitis. En ningún caso hay que transmitir culpabilidad a un padre que no la ponga.

–¿No cree que se ha medicalizado demasiado la vida de los niños?

–La sociedad entera lo está. Yo quiero prevenir lo que se puede, pero medicalizar la vida de un niño para nada. De hecho, hacer eso es tremendo. Tenemos un sistema sanitario muy bueno, pero no todo en la vida se resuelve en el ámbito sanitario. Lo que ocurre es que lo que les pasa a los niños, sobre todo a los más pequeños, genera mucha ansiedad.

 –Un veterano pediatra gijonés dice que ahora se consulta la fiebre de hace cinco minutos. ¿Es así?

–Sí. Por la ansiedad que genera y también porque nuestro modo de vida nos lleva a necesitar diagnósticos rápidos para poder organizarnos familiarmente, el trabajo… es todo un conjunto. El trastorno que genera un niño enfermo no es desdeñable. Somos  conscientes de que hay prisa por diagnosticar, por tratar y prisa por curar, pero no podemos ir en contra de la naturaleza. A las enfermedades hay que dejarles un tiempo de evolución. En pediatría a veces lo importante es distinguir: “No sé lo que tiene, pero tiene buen aspecto. Vamos a ver qué incuba”.

–Llega el verano, ¿y?

–Baja muchísimo la patología de pediatría. En Asturias hay muchos problemas respiratorios, infecciosos, y eso significa colegios y mal tiempo, espacios cerrados. En verano la piel y las gastroenteritis son la clave.

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