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Partain KP, Fabia R, Thakkar RK. Pediatric burn care: new techniques and outcomes. Curr Opin Pediatr. 2020;32:405-410

El manejo de un paciente con una quemadura térmica incluye valorar el tamaño, la profundidad y la localización. Aquellas que afecten a una gran superficie corporal precisarán fluidoterapia de forma temprana. De entre las que afectan a menor superficie corporal, las superficiales se tratan con agentes tópicos y vendajes mientras que las profundas requieren escisiones quirúrgicas para minimizar las cicatrices posteriores.

Los niños con quemaduras amplias presentan cambios metabólicos e inmunes que les pueden llevar a múltiples complicaciones como infecciones, pérdida de masa corporal y limitaciones físicas. Por todo ello es crucial una rápida evaluación del paciente para poder llevar a cabo una reanimación adecuada en caso necesario. Sin embargo, no hay consenso sobre el manejo de fluidoterapia en pediatría en estos casos. Encontramos variabilidad en cuanto al umbral de superficie corporal quemada para iniciarla, la pauta de fluidoterapia, indicación de sueros glucosados, etc. El método más común para calcular la superficie corporal quemada sigue siendo la exploración física, con un nivel de precisión de 71-89%.

En quemaduras superficiales, los tratamientos tópicos se cubren con gasas o apósitos. Los apósitos de espuma absorben el exudado. Requieren cambios menos frecuentes, lo que tiene interés en los niños pequeños para reducir el dolor y la ansiedad. Las gasas impregnadas con antibiótico han demostrado un tiempo de curación más rápido comparado con apósito de espuma impregnado en plata con cambios de dos veces por semana. Y éste último más rápido que los xenoinjertos porcinos.

En cuanto a las infecciones, el reto es hacer un diagnóstico clínico ya que el SRIS que se ve tras heridas térmicas o escisiones quirúrgicas puede simular los signos y síntomas de una sepsis. La procalcitonina sigue siendo uno de los marcadores analíticos más utilizados, demostrando sensibilidad de 100% y especificidad de 83% en una revisión retrospectiva de 70 pacientes pediátricos.

Dado que muchas veces requieren gran número de curas hay que tener en cuenta el control del dolor y la posibilidad de sedación en estos pacientes. Las técnicas de distracción no farmacológicas como la música o la realidad virtual han mostrado resultados prometedores en la reducción del uso de opioides.

Por último también se deben tener en cuenta las consecuencias a largo plazo en la calidad de vida de los pacientes como cicatrices extensas, contracturas, limitación de movimientos, picor, dolor y preocupaciones estéticas.

Laura Gómez Recio
Pediatra de AP. CS de Béjar. Salamanca

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