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Cáncer infantil, y ¿después qué?

24 Jun 2024 | Actualidad, Actualidad Grupo de Trabajo Actualizaciones Bibliográficas, Noticias

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Vázquez-López MA. Supervivientes de cáncer infantil: retos actuales. An Pediatr (Barc). 2024;100(5):363-75

https://www.analesdepediatria.org/es-supervivientes-cancer-infantil-retos-actuales-articulo-S1695403324000626

En la mayoría de los países desarrollados la supervivencia global del cáncer infantil supera en la actualidad el 80-85%. El aumento de la supervivencia en las últimas décadas se debe a los avances realizados en distintas materias como las técnicas diagnósticas, quirúrgicas, en terapias dirigidas o en un mejor conocimiento de la biología del tumor. El seguimiento de los supervivientes de cáncer infantil (SCI) ha demostrado que conlleva, en comparación con la población general, un aumento del riesgo de mortalidad prematura, aparición de segundas neoplasias y una serie de efectos secundarios tardíos tanto médicos como psicosociales relacionados con la enfermedad y el tratamiento recibido. Por ello el control de estos pacientes a largo plazo se considera fundamental para prevenir, detectar y tratar precozmente los problemas. Entre los retos actuales que se plantean en el texto están el hecho de conocer la magnitud real de la morbimortalidad en largos SCI, el impacto de factores que determinan un riesgo individual de eventos tardíos y la armonización de las guías de seguimiento.

Globalmente se calcula que un 60-90% de los SCI sufren uno o más problemas crónicos de salud y entre un 20-80% desarrollan complicaciones graves o amenazantes para la vida. La mortalidad prematura se debe en su mayor parte a segundas neoplasias, complicaciones de efectos tardíos y al envejecimiento acelerado. Los déficits físicos pueden afectar a cualquier esfera: neurológica y neurocognitiva, endocrino-metabólica, cardiovascular, etc. Los problemas psicosociales son más prevalentes en aquellos con mayor carga de problemas orgánicos. Están descritos el distrés psicológico, ansiedad, depresión, ideas suicidas, somatización y estrés postraumático. Se hacen notar además las dificultades en la relación con sus iguales y en la relación de pareja, el fracaso escolar, un mayor problema de desempleo con menor independencia del hogar y menores recursos económicos. La amplia gama de efectos comunicados precisa de un sistema de clasificación y gradación con un lenguaje común para evaluarlos. Así, el Instituto Nacional del Cáncer elaboró en 2016 los “Criterios de Terminología Común para Efectos Adversos” (CTCAE). Hudson et al. la adaptaron para hacerla aplicable a SCI modificando algunos criterios e incluyendo otros no abordados con la mención final de 208 problemas tardíos médicos o neuropsicológicos, sin incluir segundas neoplasias. Por otra parte, las medidas tradicionales de prevalencia o incidencia acumulada no se consideran aptas ya que pueden infraestimar la magnitud del problema. El uso de otras nuevas como el recuento acumulado medio y la carga acumulada (número de eventos, independientemente del tipo) se tornan más precisas para la situación de multimorbilidad al describir tanto la gravedad como la diversidad de los eventos adversos. Estas medidas reconocen las situaciones que suponen un riesgo competitivo (evento que modifica la capacidad de observar el evento de interés) ofreciendo unos resultados más exactos de la ocurrencia del problema. La utilización de modelos de simulación permite conocer la probabilidad de riesgo individual de eventos según las características del superviviente.

Diversos factores influyen en el riesgo de presentar efectos tardíos. Entre ellos surge el papel de la genética dada la variabilidad interindividual observada ante exposiciones similares. La posibilidad del análisis genómico completo abre la puerta en un futuro próximo a influir en la toma de decisiones sobre tratamientos de primera línea o la estratificación de riesgos en el seguimiento.

En 2010 se inicia una colaboración mundial y surge el Grupo Internacional para la Armonización de Guías (IGHG) sobre efectos tardíos del cáncer infantil. El resultado es la elaboración de un documento que proporciona recomendaciones sobre qué pacientes necesitan vigilancia, qué modalidades de vigilancia, con qué frecuencia y qué se debe hacer cuando se identifican problemas, considerando diferentes entornos de atención médica y recursos disponibles. En general, la atención a SCI se mantiene hasta los 18 años y al menos 10 años del diagnóstico realizándose en unidades pediátricas. Todo superviviente debe disponer de un plan individualizado de atención (Passport of care o Sur-Pass) donde conste el resumen del diagnóstico y tratamiento, las complicaciones o efectos tardíos, las recomendaciones de estilo de vida saludable y el seguimiento recomendado. Este documento debe estar disponible en la transición a la vida adulta.

El Registro Español de Tumores Infantil tiene recogidos 26.006 SCI (1980-2016). A pesar de ello, no se ha conseguido la implementación del seguimiento de manera homogénea, aunque cada vez haya más centros de oncología pediátrica con consultas especializadas. La evidencia actual considera la atención a los SCI subóptima, sobre todo en países de bajos recursos. Se requiere un esfuerzo conjunto de investigadores, médicos y políticos para mejorar la salud y la calidad de vida de estos niños evitando que se conviertan en adultos con patologías crónicas en el mañana.

Sheila de Pedro del Valle

Pediatra. Hospital Nuestra Señora de Sonsoles. Ávila

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