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La familia como un “todo” en el niño mal comedor

27 Dic 2022 | Actualidad, Actualidad Grupo de Trabajo Actualizaciones Bibliográficas, Noticias

Fernández de Valderrama-Rodríguez A, Ochoa-Sangrador C, Pedrón-Giner C y Sánchez-Hernández J. Repercusión psicológica y social de los padres y madres de niños con dificultades de alimentación. An Pediatr (Barc). 2022;97:317-25

https://www.analesdepediatria.org/es-repercusion-psicologica-social-padres-madres-articulo-S1695403322001345

En nuestro ámbito es muy frecuente el uso del término global de “niño mal comedor” que corresponde, en la mayoría de los casos, a apreciaciones subjetivas paternas sin que ello suponga ningún trastorno nutricional ni enfermedad orgánica. Una curva ponderoestatural adecuada es la garantía del pediatra para etiquetar el trastorno como funcional y descartar una causa orgánica. Sin embargo, los niños con dificultades en la alimentación (NDA) pueden alterar la dinámica familiar, aunque su curva de peso y talla sea la adecuada. El objetivo del estudio es analizar los problemas de interacción entre el niño y sus padres, midiendo el estrés parental y la repercusión psicológica de las familias mediante escalas validadas.

Estudios de casos y controles. Se define como casos los pacientes diagnosticados como NDA en seguimiento en consulta de gastroenterología infantil. Se establecieron 2 grupos de controles. Los controles sanos (CS), niños que acudían a control de salud en Consultas de Atención Primaria sin enfermedad de base diagnosticada con una edad entre los 0 y los 12 años; y los controles enfermos (CE), niños con otras enfermedades funcionales (estreñimiento, dolor abdominal, cólicos) y orgánicas (enfermedad celíaca) de 0 a 12 años que también realizaban seguimiento en atención especializada. Para incluirse en el estudio los pacientes con NDA debían cumplir criterios de DSM-5 y los CE criterios de EPSGHAN 2012 y ROMA III. La información se recogió durante el periodo de 2017 a 2019 mediante cuestionarios anónimos que se ofrecían a ambos progenitores en el momento que acudían a consulta.

Se obtuvieron un total de 238 encuestas correspondientes a 133 pacientes. 102 correspondían al grupo de CS, 88 al de CE (56 enfermedad celíaca, 13 estreñimiento, 19 dolor abdominal) y 48 a NDA. No hubo diferencia por sexos, pero el grupo de CE contaba con mayor edad que los otros grupos. Los NDA tuvieron menor peso y talla al nacimiento que los controles sanos. No se hallaron diferencias en el estado nutricional entre los 3 subgrupos. Al inicio de los síntomas, la mediana de edad fue de 6 meses en el grupo de NDA y de 24 meses en los CE (p<0.01). En los menores de 3 años, el principal encargado de la alimentación fue la madre en el grupo de CS (51.9%) y ambos progenitores en el de NDA (56.7%) pudiéndose considerar que el padre colaboraba más activamente en este último. Estas diferencias no fueron finalmente significativas.

El nivel de estrés parental y el riesgo de ansiedad/depresión se midieron según escalas de PSI-SF (Parent Stress Index Short Form) y GHQ-28 (Goldberg´s General Health Questionaire) respectivamente. Se detectaron niveles patológicos inesperadamente altos en el grupo de CS por lo que para realizar el análisis se reajustaron los puntos de corte al percentil 90 de esta población. En ambos, las puntuaciones fueron superiores en los padres de NDA manteniéndose éstas tras el análisis ajustado por sexo, edad (mayor/menor de 3 años) y tipo de encuestado (padre/madre). Esto se traduce en que uno de cada 3 padres y madres de NDA se encontraban en situación de riesgo psicológico: uno de cada 4 consideraba que le afectaba a nivel de pareja incluso sintiéndose juzgados por ella, casi el 50% se sentían juzgados por los demás en el manejo de la situación, más de la mitad han tenido que restringir su vida social, uno de cada 4 le ha impedido ir al trabajo, y uno de cada 3 ha solicitado o bien se ha planteado solicitar ayuda psicológica. Se detectaron diferencias de género en la prueba GHQ-28, con mayor componente ansioso depresivo en las madres (diferencias de medias ajustadas 4; IC95% 0,83 a 7,17). Se realizó una comparación entre casos con NDA y el subgrupo de CE celíacos sin encontrarse diferencias significativas a la comparación con todos los CE. El grado de insatisfacción con la atención recibida y las pautas aconsejadas por su pediatra fue el doble en el grupo de NDA que en el de CE encontrándose significación estadística. Casi la mitad de los encuestados referían no sentirse escuchados por el profesional.

Entre las limitaciones del estudio encontramos fundamentalmente el bajo número de NDA que cumplieran los criterios de inclusión. Además, existe una escasa representación de niños menores de 3 años en el grupo de CE. No se pudo realizar una estratificación por edad por el insuficiente número de pacientes, sin embargo, se realizó un análisis multivariante para controlar el sesgo que la edad pudiera suponer.

Padres y madres de niños malos comedores tienen elevados niveles de estrés y mayor riesgo de ansiedad y depresión. Esta situación provoca una importante repercusión a nivel social, familiar, de pareja y laboral. Reconocer el grado de repercusión contribuye a que el pediatra pueda realizar un abordaje global prestando atención a toda la familia.

Sheila de Pedro del Valle

Pediatra. Hospital Nuestra Señora de Sonsoles. Ávila

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