Vincent SA, Turpin AG, Mudreac A, Hey MT, Santore MT, González R. Button battery ingestion clinical practice guidelines: An APSA Quality and Safety Committee appraisal. J Pediatr Surg. 2026 Jun;61(6):163128
https://www.jpedsurg.org/article/S0022-3468(26)00211-3/abstract
La ingestión de pilas de botón constituye una de las urgencias pediátricas más graves debido a la rapidez con la que puede producir lesiones potencialmente mortales. En este artículo, el Comité de Calidad y Seguridad de la American Pediatric Surgical Association (APSA) revisa 14 guías de práctica clínica de hospitales de Estados Unidos y Canadá con el objetivo de identificar los puntos de consenso y proponer recomendaciones que ayuden a estandarizar el manejo de estos pacientes.
La principal conclusión es que el éxito del tratamiento depende de minimizar el tiempo hasta la extracción endoscópica de la pila cuando esta se encuentra en el esófago. Existe un amplio consenso en que, ante la sospecha o confirmación de ingestión, el niño debe permanecer en ayunas y recibir de forma precoz miel (10 mL cada 10 minutos, hasta un máximo de seis dosis en mayores de 12 meses) o sucralfato (1 g cada 10 minutos, máximo tres dosis), siempre que pueda tragar y que la ingestión haya ocurrido en las últimas 12 horas. Estas medidas pueden reducir el daño químico sobre la mucosa esofágica mientras se organiza el traslado y la extracción.
Todas las guías recomiendan realizar radiografías para confirmar la presencia y localizar la pila, preferiblemente una serie completa desde cuello hasta pelvis con proyecciones anteroposterior y lateral, prestando especial atención a los signos radiológicos característicos («doble halo» y «escalón»), que permiten diferenciar una pila de una moneda. Si el centro no dispone de recursos para una extracción endoscópica urgente, debe organizarse el traslado inmediato a un hospital capacitado. También se aconseja activar un equipo multidisciplinar que incluya cirugía pediátrica, anestesia, urgencias y, según la disponibilidad, gastroenterología, otorrinolaringología o cirugía cardiotorácica.
Tras la extracción, la mayoría de las guías recomienda irrigar el esófago con ácido acético al 0,25% (50-150 mL) en ausencia de perforación para limitar el daño residual. En cambio, existe una notable variabilidad respecto al uso de antibióticos, la alimentación, las pruebas de imagen posteriores y el seguimiento, lo que pone de manifiesto la necesidad de generar evidencia de mayor calidad y avanzar hacia protocolos más homogéneos.
Este artículo resume de forma muy práctica las actuaciones que no deben demorarse: reconocer la urgencia, administrar miel cuando esté indicada, solicitar las radiografías adecuadas, evitar pérdidas de tiempo y asegurar una derivación inmediata para extracción endoscópica. La estandarización de estos pasos puede reducir significativamente las complicaciones y mejorar el pronóstico de una de las emergencias más tiempo-dependientes de la Pediatría.









