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La etapa escolar en los niños

15 Dic 2021 | Zona Padres Escolar

Autora: 

Dra. M. Escorial Briso-Montiano.

Pediatra de Atención Primaria.

C.S. El Astillero (Cantabria).

 

La etapa escolar abarca de los 6 a los 10 años. Se van separando de los padres para centrarse más en sus amigos (generalmente del mismo sexo) y en todo el ambiente que rodea la vida escolar (maestros y compañeros).

Adquisiciones psicomotoras

Es una etapa de transición en la que se perfeccionan logros conseguidos en etapas previas antes de entrar en la adolescencia.

Hasta los 8 años suelen coger el lápiz con demasiada fuerza y a veces demasiado cerca de la punta. Hay discrepancia entre lo que quieren hacer y lo que consiguen hacer.

A partir de los 8 años ya tienen más soltura: escriben correctamente, mantienen las proporciones en los dibujos e incluso pueden hacerlos con cierta perspectiva.

Se desarrolla mucho su nivel de lógica, su capacidad cognitiva y la noción temporal. A partir de los 9 años la mayoría ya entiende el concepto de muerte.

Autonomía y relación con los padres

Los niños siguen necesitando que sus padres estén ahí: cerca pero no pegados.

Hay que estar disponibles para escucharles cuando lo necesiten. Les gusta contar lo que ha pasado en el colegio, opinar y que nosotros demos nuestra opinión sobre sus preocupaciones o inquietudes.

Pueden pedir nuestro consejo aunque luego hagan lo que ellos quieran. A veces es bueno dejar que elijan ellos, aunque nosotros sepamos que se van a equivocar. Hay que ir trabajando la libertad y la responsabilidad. Tenemos que hacerles ver que, aunque se equivoquen, seguiremos estando ahí para apoyarles y que de los errores se aprende.

Ya pueden (y deben) colaborar en tareas de casa de forma regular: poner y quitar la mesa, ordenar su escritorio, dejar ordenado el baño después de la ducha, llevar la ropa sucia al cubo, preparar la ropa del día siguiente, bajar la basura…

La dentición

Durante esta etapa se produce gran parte de la adquisición de la dentición definitiva. Es muy variable en cada niño, pero tiene relación con la edad de erupción inicial. Si un niño fue tardío con la salida de los primeros dientes, lo habitual es que tarden en caérsele, con la consiguiente “desesperación” por su parte porque no viene el Ratoncito Pérez.

Habitualmente la secuencia es: se mueve el diente de leche, se cae y al cabo de un tiempo sale el definitivo. Pero hay múltiples variaciones y todas son normales: puede asomar la pieza definitiva sin que se mueva la de leche, puede tardar meses desde que se cayó el diente de leche hasta que sale el diente definitivo… Solo en contadas ocasiones es necesario recurrir al dentista, pero conviene visitarlo al menos una vez al año.

Es el momento de consolidar la rutina del cepillado de dientes si todavía no se ha conseguido, dado que las piezas que salgan serán para toda la vida. Así que es muy importante cuidarlas bien desde el principio. Hasta los 8 años se recomienda que este hábito sea supervisado por un adulto.

El sueño

Duermen 10-11 horas por la noche. Ya no hay siesta. Suelen resistirse a ir a la cama. Hasta los 7 años suelen dormirse enseguida, aunque les gusta compartir un rato con los padres. La mayoría duermen ya sin juguetes pero tampoco es necesario retirárselos si a ellos les gusta dormir con uno. A partir de los 7 años es más frecuente media hora de actividad tranquila (lectura, música o charla) antes de que les entre el sueño.

En esta etapa comienzan a querer ir a dormir a casas de amigos o primos (fiestas de pijamas). Si les da miedo o no les resulta placentero tampoco hay que forzar la situación.

Pueden tener pesadillas, terrores nocturnos o, incluso, tener episodios de sonambulismo.

La enuresis nocturna

El control nocturno de esfínteres, una vez descartada patología, tiene que ver con la maduración de cada niño y con la genética heredada. Si uno o ambos progenitores tardaron en dejar de mojar la cama, lo habitual es que a los hijos les pase lo mismo (de 43 a 77% de posibilidades).

A medida que los niños maduran, muchos casos se resuelven espontáneamente. De hecho, afecta al 10% de los niños de 6 años, al 5% de los niños de 10 años y al 0,5-1% de los adolescentes y adultos. Como medidas iniciales se recomienda disminuir la ingesta de líquidos desde media tarde, realizar 5-6 micciones diarias (una de ellas justo antes de dormir) y no reñirles. Se les puede pedir que nos ayuden a cambiar la ropa mojada y llevarla al cesto de la ropa sucia.

No es útil levantarles nosotros por la noche para llevarles al baño ni hacer ejercicios de interrupción de la micción.

Si comienza a afectar a la autoestima del niño o la dinámica familiar es mejor consultar a vuestro pediatra.

La etapa escolar en los niños

El juego

Durante este periodo les gusta jugar con otros niños. A los 6 años los juegos se inician de forma colectiva pero se interrumpen enseguida por riñas, peleas y discusiones. Cada uno quiere hacer las cosas a su modo y no aceptan perder. Como ya son capaces de engañar, creen que los demás también lo hacen.

Prefieren jugar con niños algo mayores, que son capaces de organizar mejor el juego y resolver sus conflictos. A los 7 años disminuyen las peleas y cuando algo no les gusta se van de la escena de juego (“me enfado y ya no juego”). A partir de los 8 años ya comienza un verdadero juego cooperativo, aparece con frecuencia “el mejor amigo”. Ya van aprendiendo a aceptar que no siempre se puede ganar. Vuelven a preferir amigos de su edad.

Les sigue gustando quedar en el parque y es una buena opción para fomentar la actividad física con los juegos tradicionales (pilla-pilla, escondite, balón-tiro, pañuelo, comba, etc), patines, bicis, deportes…

Les gusta invitar a amigos a jugar a casa o ir ellos a las de los amigos donde la imaginación hace que pasen tardes estupendas con múltiples opciones: juegos de mesa, recreaciones con sus figuras/muñecos favoritos por todo el suelo de la habitación, construcciones, obras de teatro, jugar a adivinar películas, personajes o canciones, pintarse las uñas, maquillarse, disfrazarse, inventarse peinados u organizar una búsqueda del tesoro con mensajes escondidos por casa.

Ahora que dominan la motricidad fina disfrutan con las manualidades: maquetas, inventarse recortables (muñeco + vestidos), hacer jabones, bolas de baño o velas, pintar figuras de barro, hacer papiroflexia, hacer tarjetas de felicitación, marcapáginas, cajas decorativas, un circuito para las chapas, pulseras y collares de abalorios, marionetas de calcetines, aprender a coser (punto de cruz), colorear mandalas, experimentos caseros…

Hay niños que prefieren desarrollar su creatividad a través de la cocina. Es buen momento para aprender recetas de casa, ayudar a cortar los alimentos con precaución, proponer el menú y hacer la lista de los ingredientes necesarios, inventar recetas e incluso hacer su propio libro de recetas.

El colegio

Ocupa una parte importante de su tiempo y les aporta conocimientos, socialización y oportunidad de poner en práctica la educación que reciben en casa, como el respeto a los demás y otros valores y armas para la convivencia, como la generosidad, la empatía, la sinceridad, el esfuerzo, el trabajo en equipo…

Es la etapa de Educación Primaria y progresivamente, además de conocimientos, tienen que ir adquiriendo autonomía y planificación de sus tareas. Los padres debemos guiarles en este aprendizaje, pero haciéndoles responsables a la vez. No somos sus agendas.

Si por despiste han olvidado un libro necesario para hacer los deberes no conviene resolverlo siempre en el chat de la clase. Hemos de olvidarnos del “tenemos un examen”, “hemos aprobado”… y cambiarlo por “tiene” y “ha”: ¡son ellos los protagonistas y responsables de su trabajo!

A algunos niños les cuesta el cambio de Infantil a Primaria, pero progresivamente irán aceptando las nuevas normas: trabajar en su mesa requiriendo cada vez menos ayuda individualizada del maestro, mantener la atención durante las explicaciones y guardar silencio.

A estas edades el maestro es una figura de referencia para ellos y no conviene desautorizarle delante de ellos. Si estamos en desacuerdo con algo, solicitaremos una tutoría para aclarar lo que creamos oportuno. Los padres somos también un referente para ellos y tampoco nos gustaría que desde el colegio se pusiera en entredicho nuestra autoridad.

Es importante inculcar la “cultura del esfuerzo”, sobre todo en esta época en la que vivimos inmersos en el “aquí, ahora y con un click”. Durante toda la infancia hay que practicar la tolerancia a la frustración. Aprender que los logros requieren un esfuerzo, que no siempre se consigue todo a la primera y que estamos ahí para apoyarles, pero no para darles las cosas hechas.

También tenemos que trabajar con ellos la prevención del bullying y dar pautas sencillas para que ellos sepan actuar si se da el caso: defender al agredido, no reír las gracias al abusón y pedir ayuda a los adultos si ellos no pueden solucionarlo haciendo hincapié en que eso no es chivarse.

Aunque cada niño tiene su ritmo, sus debilidades y fortalezas, hemos de estar atentos a la aparición de posibles trastornos del aprendizaje que empiecen a asomarse a medida que la dificultad de las asignaturas aumenta. Es conveniente que haya una buena comunicación con el colegio y la tutora y consultar si hay dudas.

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