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Obesidad y esteatosis hepática no alcohólica en población pediátrica

Obesidad y esteatosis hepática no alcohólica en población pediátrica

Nobili V, Soch P. Pediatric Nonalcoholic Fatty Liver Disease: Current Thinking. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018;66(2):188-192

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) es la enfermedad hepática pediátrica más común en Europa. Su prevalencia oscila entre un 3-10 % de la población general, siendo más frecuente en varones y en obesos.

El diagnóstico se basa en la histología pero se puede sospechar clínicamente según recoge el documento de la ESPGHAN por la existencia de factores de riesgo (obesidad central), características de la esteatosis hepática (aumento de transaminasas, estudio ecográfico aunque con limitaciones) y exclusiones de otras enfermedades (incluidas algunas enfermedades metabólicas). La biopsia se realiza en pacientes seleccionados. Se están valorando estudios como el Fibroscan, y estudios especiales de RNM.

El principal problema es predecir y reconocer la progresión hacia una cirrosis. La fibrosis en el estudio histológico se considera un factor de mal pronóstico. Se han elaborado escalas y puntuaciones clínicas para valorar esta fibrosis que valoran, por ejemplo, fosfatasa alcalina, GGT y plaquetas; otros como el índice de fibrosis NAFLD pediátrico valora circunferencia de la cintura, edad, y trigliceridos. El riesgo parece estar mediado por factores genéticos y la existencia de obesidad temprana.

Tradicionalmente se considera parte del síndrome metabólico y se combina con la enfermedad cardiovascular. Para su diagnóstico ante un paciente obeso, sería necesario valorar lípidos, tolerancia a la glucosa, tensión arterial, ecografía hepática y transaminasas. Parece que el hígado graso se asocia a resistencia a la insulina y bajo HDL. Se incluye en el artículo un interesante algoritmo diagnóstico para NAFLD, que incluye el riesgo de fibrosis.

El tratamiento principal es la pérdida de peso pero ya que puede ser difícil de conseguir en niños solo con un tratamiento conductual, se buscan alternativas farmacológicas en varias áreas: resistencia a la insulina (metformina), stress oxidativo (vitamina E), dislipemia (ácidos grasos omega 3, PUFA) y probióticos. Los dos primeros no confirmaron sus primeras expectativas y se necesitan estudios más amplios del resto. Otras terapias en estudio son combinados DHA y vitamina D, cisteamina, inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (losartán) y cirugía bariátrica en casos seleccionados.

Ahora se acepta ampliamente que los niños con NAFLD necesitan un seguimiento regular para supervisar la progresión de la enfermedad metabólica hepática.

Ángel Martín Ruano
Pediatra de EAP. CS Miguel Armijo. Salamanca
Profesor Asociado. Facultad Medicina. Universidad de Salamanca

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