Autora:
Dra. M. Escorial Briso-Montiano.
La adolescencia es una etapa de descubrimientos en muchas esferas de la vida. Pueden aparecer nuevos intereses, aficiones, amigos… o incluso plantearse qué profesión van a desarrollar en el futuro. También es una época de adentrarse en el terreno del autoconocimiento, establecer vínculos afectivos con iguales y tener sus primeras relaciones sexuales.
Al igual que cada persona da el estirón puberal en el momento que le toca y está preparado para ello, en el campo afectivo-sexual, cada adolescente también tiene su ritmo y debe conocerse y saber en qué momento se encuentra para poder actuar desde la madurez y responsabilidad. La presión del grupo es muy fuerte a esta edad y debemos ayudarles a fortalecer su autoestima para que sean capaces de actuar en determinadas situaciones porque quieren y están convencidos y no solo porque «todos lo hacen».
El consentimiento es un concepto que conviene tener interiorizado para poder garantizar relaciones sanas. Esa aceptación de algo que va a suceder entre 2 personas (aunque solo sea un beso) puede ser verbal o no verbal, pero debe estar presente siempre. Debe ser consciente, libre, sin ningún tipo de coacción y es revocable: se puede cambiar de opinión. Hay que aprender a leer las señales que manda la otra persona y las que se mandan a otros para que no se produzcan malentendidos.
Para que una relación sea sana, la atracción debe existir por ambas partes. Unas veces serán rechazados y, otras, serán ellos los que rechacen. En el primer caso, se sentirán decepcionados y podrán pensar que «es el fin del mundo» y dudar de su capacidad de gustar a otras personas, pero hay que aprender de cada experiencia porque habrá más oportunidades. En el segundo caso, pueden sentirse culpables, pero no se debe caer en la tentación de consentir (sin desear) para no herir los sentimientos de la otra persona, ya que generará insatisfacción en ellos y dar falsas esperanzas puede ser incluso peor que un «no» respetuoso y bien explicado a tiempo.
En la adolescencia es importante que la diferencia de edad no sea muy importante.
Hay que diferenciar entre «estar pendiente de alguien» y «depender de alguien». Estar en una relación no consiste en renunciar a los vínculos que se tenían previamente con los amigos o la familia. Tampoco hay que dejar las actividades (ocio o deporte) que eran gratificantes. Si para estar con una persona hay que aislarse del resto del mundo, ¡cuidado, no es una relación sana! Como tampoco lo es aquella en la que hay un control excesivo del tiempo que se pasa con otras personas, dónde se va, cómo se viste, etc. Y, por supuesto, nadie tiene que fisgar el móvil de nadie: es parte de nuestra intimidad. Si se está viviendo una relación con alguna de estas características, hay que pedir ayuda.
En resumen, una relación sana es aquella en la que una persona se complementa con otra sin renunciar a ser ella misma, es recíproca y se vive desde la madurez, la responsabilidad y el respeto.
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