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Cómo comunicar una mala noticia a un niño

Cómo comunicar una mala noticia a un niño

Cuando un profesional sanitario debe comunicar una mala noticia a un niño la recomendación es que lo haga en un sitio agradable y con cierta intimidad, no en un pasillo, mejor sentados y escuchando sus dudas y temores, explicaba hoy la doctora Ana Cuevas, en la mesa redonda sobre El duelo y el niño.  Dar información clara y entendible pero con un lenguaje delicado y afectuoso, repitiendo lo importante, son también pautas recomendadas.

Los niños tienen un concepto diferente de la muerte según la edad y por lo tanto hay recomendaciones concretas para el acompañamiento en cada etapa. De 0 a 2 años, intentar que mantengan sus rutinas dentro de lo posible para que se sientan seguros; de 3 a 6 años, pueden sentirse abandonados por el fallecido o castigados por alguna mala conducta que hayan tenido o algún mal pensamiento. Por eso, es fundamental liberarlos de la culpabilidad, que expresen lo que sienten y piensan y responder a sus preguntas, evitando los eufemismos y “llamando a las cosas por su nombre: muerte y enfermedad”, apuntaba la doctora Cuevas.

Respecto a si deben participar o no en ceremonias de duelo, no hay reglas, pero la doctora recomienda preguntarles: “aunque un niño nos parezca muy pequeño para ir a un funeral, si desea ir, podemos dejarle ir y también al contrario, puede parecernos muy mayor para no ir pero si no quiere, debemos respetarlo”.

Entre los 7 y los 12 años, los niños comprenden la muerte y sus consecuencias pero no están preparados emocionalmente para afrontarla. Es momento de ser más precisos y concretos en las explicaciones y también de escucharles en profundidad. Los dibujos, cuentos y películas pueden sernos de utilidad. También los paseos para que expresen lo que llevan dentro. A partir de los 12 años, es bueno darles el protagonismo que deseen en las ceremonias y es una edad en la que los amigos adquieren mucha importancia. “El dolor no se resuelve pasando rápido por la experiencia, como a menudo se piensa, sino que sucede todo lo contrario, la agrava”, concluía por su parte la doctora Manuela Contreras.

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