Autora:
Dra. Reyes Mazas
La alergia alimentaria es una reacción anormal del sistema inmunológico frente a proteínas presentes en ciertos alimentos.
Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Cutáneos: urticaria, angioedema…
- Respiratorios: dificultad para respirar, sibilancias…
- Gastrointestinales: náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal.
Si los síntomas aparecen tras la ingesta de un alimento, son recurrentes, no tienen otra causa aparente, se presentan de forma inmediata (de minutos a 2 horas) o son severos, hay una alta probabilidad de que exista una alergia alimentaria.
En los casos más graves se produce la anafilaxia, que es una reacción brusca con síntomas típicos de alergia en varias zonas del organismo como el aparato respiratorio o circulatorio que pueden poner en riesgo la vida del paciente, por lo que se considera una urgencia y debe recibir tratamiento inmediato con adrenalina intramuscular.
Qué alimentos causan alergias con más frecuencia
- Leche de vaca: es la causa más frecuente de alergia alimentaria en niños.
- Huevos: ocupan el segundo lugar en frecuencia.
- Frutos secos: cacahuetes, nueces, pistachos y anacardos.
- Pescado y mariscos: merluza o camarones.
Estos alimentos son responsables de aproximadamente el 90 % de todas las alergias alimentarias en niños en España.
Se estima que un 8 % de los menores de 14 años tiene una alergia alimentaria, aunque muchos de estos niños la superarán con el tiempo (como la alergia a la proteína de la leche de vaca y la alergia al huevo). En cambio, la alergia a frutos secos, pescado y marisco tienden a persistir durante toda la vida.
Cómo confirmar el diagnóstico
El diagnóstico debe ser realizado por un pediatra o alergólogo e incluye:
- Historia Clínica: identificar alimentos sospechosos y patrones de reacción.
- Pruebas diagnósticas:
- Prueba cutánea (prick test): habitualmente se realiza en el antebrazo. Se aplica el alérgeno en la piel y se observa la reacción local.
- Análisis de sangre: detecta anticuerpos IgE específicos frente al alimento sospechoso.
- Prueba de provocación oral: bajo supervisión médica, se administra el alimento sospechoso para confirmar la reacción.
Un diagnóstico temprano evita dietas restrictivas innecesarias y permite un manejo adecuado que incluye evitar el alérgeno y planificar medidas ante reacciones graves como la anafilaxia. Ante cualquier sospecha, es esencial consultar con un especialista.
Tratamiento
El tratamiento debe ser personalizado y supervisado por un pediatra o alergólogo, considerando la edad del niño, la gravedad de la alergia y el alimento involucrado.
El primer paso será la exclusión del alimento alergénico de la dieta.
En caso de que aparezcan síntomas, los fármacos más utilizados suelen ser:
- Antihistamínicos: ayudan a reducir los síntomas leves como picor, urticaria y rinitis alérgica.
- Corticoides: controlan la respuesta inflamatoria.
- Adrenalina: el medicamento que trata la anafilaxia. Se administra mediante autoinyectores prescritos por el pediatra que el paciente debe llevar consigo en todo momento.
- Inmunoterapia: consiste en administrar cantidades crecientes del alimento alergénico hasta alcanzar la tolerancia, es decir, hasta que la proteína deja de producir síntomas alérgicos al paciente.
El pediatra o el alergólogo será el que valore cada caso y decida qué plan de tratamiento es el más adecuado para cada niño.
La familia y el entorno del niño deben estar informados en todo momento para saber cómo actuar en caso de que se produzcan síntomas compatibles con una alergia alimentaria.
Para más información, puede consultar en la página web de la AEPNAA (Asociación Española de Padres de Niños Alérgicos a Alimentos), en la de la SEICAP (Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica) o preguntar a su pediatra o alergólogo.
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