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Celulitis preseptal y orbitaria. La duda existe

24 Mar 2026 | Actualidad, Actualidad Grupo de Trabajo Actualizaciones Bibliográficas, Noticias

Rubinacci V, López-Rodríguez L, Jiménez A, Rojo P. Preseptal and Orbital Cellulitis in Children. Pediatr Infect Dis J. 2026 Jan 1;45(1):e6-e9

Preseptal and Orbital Cellulitis in Children – PubMed

Cuando un niño consulta por inflamación palpebral unilateral y se sospecha la etiología infecciosa es esencial realizar un diagnóstico diferencial entre celulitis preseptal u orbitaria dadas las implicaciones en el manejo y pronóstico de las mismas. La primera es más frecuente y se observa de forma más común en niños menores de 5 años. La celulitis orbitaria en cambio es más prevalente en niños mayores de 7 años. La órbita aloja el globo ocular, la grasa y los músculos extraoculares y está bordeada por los senos paranasales. Una barrera de tejido conectivo, el septum, la divide en los espacios pre y postseptal. Las delgadas paredes óseas y su porosidad en la edad pediátrica elevan el riesgo de infección en este lugar. La extensión desde una lesión cutánea es el origen habitual de la celulitis preseptal. La sinusitis, sobre todo de localización etmoidal, es la principal causa de celulitis orbitaria y también un inicio frecuente de celulitis preseptal. La diseminación hematógena es rara en niños. Casos puntuales se han relacionado con bacteriemia por S. pyogenes.

La clasificación de Chandler se basa en la severidad, pero no marca estrictamente la progresión de la enfermedad. El grupo I se refiere a la celulitis preseptal o periorbitaria, el II a la orbitaria, el III marca el absceso perióstico, el IV el absceso orbitario y el V la trombosis del seno cavernoso. La distinción clínica de los dos primeros grupos puede llegar a ser complicada. Ambas se suelen presentar con edema y eritema palpebral, aunque en la orbitaria a veces no se objetiva este último. La fiebre es habitual en ambas situaciones, sin embargo, se asocia más comúnmente a la orbitaria. Los hallazgos de limitación de movimientos oculares, proptosis, disminución de la agudeza visual y diplopía, aunque típicos de la celulitis orbitaria, se objetivan sólo de forma frecuente en casos graves o con complicaciones. No es esperable hallarlos como primera manifestación y simplemente podemos encontrarnos ante un niño con edema palpebral y dolor ocular. Las complicaciones aparecen de forma inusual en la celulitis preseptal, sin embargo, en la orbitaria hay que permanecer atentos ante la posibilidad de extensión intracraneal. La presencia de proptosis bilateral y afectación del VI y/o VII par craneal sugiere una trombosis del seno cavernoso que si avanza puede afectar a la arteria carótida y provocar un infarto cerebral. La pérdida de la agudeza visual se puede deber entre otros al incremento de presión en la órbita, la oclusión de la arteria retiniana o una neuritis del nervio óptico. Si el niño comienza con vómitos, cefalea y cambios en el nivel de conciencia hay que descartar la evolución hacia meningitis, empiema subdural o epidural o la presencia de un absceso cerebral.

El diagnóstico de celulitis preseptal es fundamentalmente clínico y no precisa más pruebas complementarias. Sin embargo, si se sospecha un componente orbitario se debe confirmar generalmente con la realización de una tomografía con contraste que además servirá para descartar complicaciones anteriormente descritas. Las indicaciones incluyen la presencia de proptosis, oftalmoplejía, deterioro de la agudeza visual, clínica bilateral, ausencia de mejoría clínica tras 24 horas de tratamiento antibiótico intravenoso, síntomas de afectación del sistema nervioso central o incapacidad para una buena evaluación del globo ocular. En cuanto a otras técnicas de imagen se valorará la resonancia magnética cuando exista una sospecha alta de complicación intracraneal. La ecografía orbitaria es una opción prometedora para evitar la radiación y puede valorar la monitorización de la respuesta al tratamiento. Los parámetros bioquímicos en la analítica sanguínea no son útiles para diferenciar la localización pre o postseptal. Los cultivos de aspirado procedente de senos paranasales o de las secreciones palpebrales no son adecuados para la toma de decisiones terapéuticas ya que a menudo están contaminados. La recogida de hemocultivo generalmente tiene un bajo rendimiento, aunque está indicada en los casos de celulitis orbitaria, lactantes con celulitis preseptal, no cumplimiento de calendario vacunal y siempre que se sospeche bacteriemia o exista una afectación grave del estado general.

El inicio de la antibioterapia empírica se realizará de forma precoz. Actualmente no existen ensayos clínicos que guíen la elección del tratamiento y su duración. La hospitalización para la terapia intravenosa está indicada en todos los casos en los que se sospecha celulitis orbitaria. Además, en el diagnóstico de celulitis preseptal se realizará en los menores de un año, en caso de mal estado general o sospecha de diseminación hematógena, falta de mejoría con antibioterapia oral iniciada las 24-48 horas antes y/o entornos familiares desfavorables para un buen cumplimiento terapéutico o vigilancia clínica. La elección del tratamiento depende de las circunstancias y el diagnóstico. En la celulitis preseptal probablemente secundaria a una lesión cutánea se tratará con cefalosporinas de primera generación o como alternativa la amoxicilina-clavulánico. Este último será de elección si se descarta la causa primaria cutánea como inicio. En estos casos se mantendrá el tratamiento durante 5-10 días según evolución. La celulitis orbitaria implica la cobertura de S. aureus meticilín resistente y se puede realizar en caso de que no existan complicaciones con una cefalosporina de 3º generación junto con clindamicina. En el caso de afectación intracraneal se añadirá terapia contra anaerobios fundamentalmente con metronidazol. La duración del tratamiento se extenderá a 14-21 días pudiendo pasar a tratamiento oral si existe mejoría. Aunque la evidencia para el uso concomitante de corticoides no es del todo consistente, en la práctica clínica se utilizan ampliamente por su papel en el control del estado inflamatorio y el edema. Esta revisión sugiere la necesidad de ensayos prospectivos para aclarar su efecto.

Sheila de Pedro del Valle. Pediatra. Hospital Nuestra Señora de Sonsoles. Ávila

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