La Navidad es una oportunidad de enseñar a los niños a disfrutar comiendo en familia

La Navidad ya está aquí y no solamente los adultos están ‘expuestos’ a los riesgos de las comidas copiosas: “Lo más normal es que durante estas fechas la rutina horaria de comidas se vea un poco alterada. Esto puede provocar (en los niños) un descontrol que se traduce en que o bien no coman nada o coman hasta la indigestión o ‘empacho’. Por ello, los pediatras recomiendan alterar los horarios lo mínimo posible y, sobre todo, asegurarse de que los niños no coman en exceso. A pesar de que llenemos la mesa de interminables platos, lo ideal es que prueben pocas cantidades y aquellos menús que puedan digerir mejor”, sugiere el doctor Cristóbal Coronel Rodríguez, secretario general de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP) y coordinador del Grupo de Nutrición de esta sociedad médica.

Navidad cena“A veces hay que tener mucho cuidado con el consumo inadvertido de alcohol, al beber los niños las copas semivacías (imitando así a los adultos), o bien en otras ocasiones son algunos padres los que lo ofrecen a sus hijos como una forma errónea de hacerles mayores de forma precoz”, destaca el doctor Coronel. Por lo que respecta a la manera de afrontar la celiaquía infantil-juvenil durante las fiestas navideñas, el pediatra comenta que “el celíaco es un niño normal que come diferente, y ello impone restricciones alimenticias a veces difíciles de seguir, más aún fuera del domicilio y, sobre todo, en jóvenes. Hemos de ser comprensivos ante estos posibles excesos de la edad y procurar huir de un cierto fundamentalismo que se ha creado alrededor del cumplimiento de la dieta, produciendo en algunos casos obsesiones, frustraciones y sentidos de culpa por parte de los progenitores”.

-Se habla mucho de los ‘desmanes’ alimenticios y de sus repercusiones en la salud de los adultos durante las fiestas navideñas, pero… ¿por qué no se suele abordar esta temática en el caso concreto de la población pediátrica?
Pues porque las repercusiones sobre la salud de los adultos es mayor y preocupa más si se dan factores de riesgo asociados como la obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, etc. Trastornos que se pueden convertir -por un exceso de comida, o cambio de la dieta habitual por otras con mayor contenido en grasa, proteínas, sal y azúcares- en determinantes para el desarrollo de un evento cardiovascular de desenlace preocupante al menos.

En los niños esa posibilidad, evidentemente, es más remota, pero no por ello debemos dejar de preocuparnos, ya que la relajación en la dieta habitual -en estas fechas se ofrecen nuevos alimentos- puede tener consecuencias inmediatas y muy peligrosas en el caso de niños alérgicos a lácteos, huevo, frutos secos etc., o en otros como celiacos, diabéticos u otros trastornos metabólicos, en los que una ingesta descuidada o de nutrientes ocultos puede desencadenar imprevistos de consecuencias desagradables.

Por otra parte los niños sanos, y sin patologías de base, tampoco son ajenos a las mismas transgresiones dietéticas de los adultos. Por ello, hemos de revisar este tema, para evitar, nutricionalmente hablando, comportamientos insanos en estas fiestas. Hay que procurar no variar mucho la dieta de los niños y mantener en la medida de lo posible su rutina alimenticia, tanto en horarios como en contenido.

-¿Desde un punto de vista puramente nutricional, qué deben procurar hacer los padres o tutores para proporcionar una buena dieta alimenticia a los niños durante estas fiestas?-¿También los niños están sujetos a engordar excesivamente en estas fechas, o incluso padecer un ‘empacho’?
Lo más normal es que durante estas fechas la rutina horaria de comidas se vea un poco alterada. Esto puede provocar un descontrol que se traduce en que o bien no coman nada o coman hasta la indigestión o ‘empacho’. Por ello, los pediatras recomiendan alterar los horarios lo mínimo posible y, sobre todo, asegurarse de que los niños no coman en exceso. A pesar de que llenemos la mesa de interminables platos, lo ideal es que prueben pocas cantidades y aquellos menús que puedan digerir mejor. Si se eligen platos contundentes para el resto de la familia, como el tradicional cochinillo, cordero o besugo, lo conveniente es sustituirlos por otros de sabor más suave y fáciles de digerir para los niños como pollo, pavo o lenguado, aunque esto suponga un esfuerzo extra en la cocina. Y reducir los polvorones y similares, que tienen una gran cantidad de calorías, por otros más saludables, por lo que proponemos que junto con los postres dulces se prepare una bandeja de fruta fresca como alternativa.

En líneas generales, pediatras y nutricionistas señalan que para que los niños puedan tomar el mismo menú, hay cuatro cuestiones imprescindibles:

  • Cocinar con poca sal. Los platos navideños suelen pecar de exceso de sal para dar más sabor. Podemos recurrir a otras opciones y sustituirla por ejemplo por soja, especias, cebollas u otras verduras que también enriquecen su gusto.
  • Optar por productos bajos en grasa. Aun así no todas las comidas, ni los embutidos ni todos los dulces son iguales, como tampoco todas las partes del mismo; así pues, y por ejemplo en el pavo, que es una comida muy típica de estas fechas, deberemos evitar en lo posible la piel, que es mucho más grasa.
  • Si se trata de un bebé, y con el objetivo de prevenir las alergias, no incluir nunca alimentos que no estén ya introducidos en su dieta.
  • Elegir platos menos contundentes y de más fácil digestión para los niños que para el resto de la familia.

Los pediatras recomiendan a los padres vigilar qué comen sus hijos, pues ellos -los progenitores- son los que deciden el cuándo y qué de la dieta, pero son los niños los que determinan el cuánto de cada alimento y el cómo se lo come.

El entorno de la comida vale tanto o más que lo que hay en el plato. Destacar la necesidad de que continúen con la dieta variada y ‘lo más sana posible’. Es un buen momento para que los niños prueben sabores nuevos, asegurándonos en todo momento de que estos nuevos alimentos son seguros; por ejemplo, evitando aquellos que se desmenuzan en trozos pequeños de consistencia dura para los niños por debajo de 3 años (o los frutos secos) y, por supuesto, nada en absoluto de alcohol. Y a la hora del brindis podemos ofrecerles zumos, agua o un poco de su refresco favorito como algo excepcional y especial. A veces hay que tener mucho cuidado con el consumo inadvertido de alcohol, al beber los niños las copas semivacías (imitando así a los adultos), o bien en otras ocasiones son algunos padres los que lo ofrecen a sus hijos como una forma errónea de hacerles mayores de forma precoz.

Los padres han de enseñar a los más pequeños a ‘no comer por los ojos’, aleccionándoles a seleccionar qué alimentos deben y pueden comer e indicándoles que no es necesario comer de todo. Es fundamental enseñarles a comer al ritmo de los demás, a compartir lo que hay en el plato, a no comer con la televisión puesta. La Navidad es una oportunidad de enseñar a los niños a disfrutar cómo comer en familia. Otro ejemplo que ocurre con frecuencia es que se comen frutas poco habituales o comidas a las que no estamos acostumbrados, siendo sustituidas por otros alimentos menos saludables y con menos residuos. En estos supuestos podemos recurrir por ejemplo a los plátanos, que son ricos en prebióticos y probióticos, ya que nos pueden ayudar a prevenir problemas intestinales frecuentes en Navidad.

-Supongamos que se enseña a los menores a no sobrepasarse a la hora de ingerir alimentos, pero los mayores no predican con el ejemplo y comen y beben alcohol mucho más de lo habitual… ¿los consejos y enseñanzas que den los adultos caerán en saco roto?
Tenemos que enseñar a nuestros hijos hábitos dietéticos y de conducta, entre otros, que se aprenden mediante lo que se ve, no mediante lo que se impone. Evidentemente, como todo tipo de enseñanza, si no se acompaña con el ejemplo probablemente no se refuerce y servirá de poco; por ello, los adultos hemos de ser cuidadosos y diligentes a la hora de comer, sobre todo si estamos ante los niños. Los hábitos de comer y lo que comen nuestros hijos se adquieren por mimetismo. No podremos aconsejar a nuestros hijos que coman variado y sano si sus padres no respetan horarios, o no proveen de alimentos adecuados en calidad y cantidad o no los preparan de forma saludable. La Navidad es un momento único y pueden permitirse ciertas transgresiones, pero muy moduladas y recalcando el momento excepcional y especial.

También va a depender de la edad: no es igual un lactante, un preescolar de 3 años, de 5, escolar de 10 o adolescente. Los roles y participaciones en las celebraciones familiares cambian mucho. De todas formas, lo niños notan (como nosotros) que son días distintos, ellos no son ‘entes aislados en una burbuja’ y es bueno también que participen de la alegría que supone el reencuentro de muchos miembros de la familia, o familia extendida a la que se ve menos frecuentemente. También estos días suelen ser especiales porque permiten a los padres compartir más tiempo con sus hijos, con lo que se pueden transmitir normas, valores y códigos de conducta, no como dictados dogmáticos sino como aquello que los padres interpretan con respecto al mundo que les rodea. Estas experiencias se quedan posteriormente gravadas durante mucho tiempo y a veces para toda la vida.

-¿Cómo debe afrontar una familia una comida durante estas fiestas en presencia de un niño diabético?
Pues exactamente igual que con el resto de la familia, con especiales precauciones en los alimentos que pudieran alterar el equilibrio hidrocarbonado. Bebiendo más agua y haciendo más controles analíticos de los habituales por si hubiera que establecer alguna pauta correctora y suplementar con dosis adicional de insulina rápida. No debemos convertir a estos niños en unos enfermos y excluirlos del rol familiar, pero en ellos más que en ningún otro supuesto la cantidad es lo que cambia la calidad de los alimentos.

Si dentro del relax que suponen estas reuniones familiares suele haber alguna trasgresión, no creo que debamos culpabilizar, ni exagerar, ni tratar sobre todo a los adolescentes como si fueran suicidas dietéticos… en esta etapa de la vida es donde la imagen corporal y el ideal de salud de los mismos está en grado superlativo. El celíaco es un niño normal que come diferente, y ello impone restricciones alimenticias a veces difíciles de seguir, más aún fuera del domicilio y, sobre todo, en jóvenes. Hemos de ser comprensivos ante estos posibles excesos de la edad y procurar huir de un cierto fundamentalismo que se ha creado alrededor del cumplimiento de la dieta, produciendo en algunos casos obsesiones, frustraciones y sentidos de culpa por parte de los progenitores.-¿En el caso de los niños celíacos, existe una suficiente oferta de alimentos típicamente navideños adecuados al régimen nutricional que deben seguir?
Hay una oferta que cada año va mejorando y ampliando, pero aún es susceptible de gran mejoría, como por ejemplo que pueda ser más accesible, sobre todo desde el punto de vista económico. Los precios de estos alimentos a veces multiplican por 10 los de sus equivalentes con gluten. Ahora, y gracias a las Asociaciones de Celiacos e Internet, es más fácil localizar establecimientos que proporcionan estos alimentos con seguridad, pero su precio sigue siendo alto y a veces limitante en su consumo por ese mismo motivo.

-¿Qué otras patologías digestivas que puede padecer la población pediátrica pueden verse agravadas con la llegada de las fiestas navideñas?
Intolerancias y alergias alimentarias múltiples. Muchas veces no detectamos trazas de alimentos o componentes que pudieran contenerlos al recurrir a productos que habitualmente no consumimos. Es estos casos es conveniente extremar las precauciones y leer las etiquetas con componentes de la misma para evitar complicaciones mayores. Igualmente tenemos que tener especial precaución cuando realicemos comidas fuera de casa. Actualmente ya contamos con reglamentación de obligado cumplimiento por los establecimientos hosteleros, que deben de avisar -en los servicios que prestan- de un elevado número de componentes potencialmente ‘peligrosos en casos susceptibles’, lo que nos ayuda en caso de alergias e intolerancias.

Evidentemente hay muchas otras patologías, a parte de la diabetes y la celiaquía, que requieren un control estricto de la dieta. Los niños con errores congénitos del metabolismo, como por ejemplo los fenilcetonúricos, los más conocidos, y otras muchas más metabolopatías en las que están implicados diferentes principios inmediatos (proteínas, hidratos de carbono, frutosa, galactosa, diferentes ácidos grasos, etc) requieren de la preparación de ingeniosos menús restringidos en proteínas, grasas o hidratos de carbono. Esos menús precisan de la supervisión del nutricionista especializado y del apoyo de las diferentes asociaciones y organizaciones científicas nutricionales como la Guía metabólica de San Juan de Dios de Barcelona, donde se aportan ideas y platos muy apetecibles para estos niños con requerimientos tan especiales, requerimientos que condicionan mucho las comidas con el resto de la familia.

Por otra parte, hay pacientes con diferentes alteraciones que si bien no precisan dietas tan estrictas, sí que han de ser bien balanceadas y controladas, como la de los insuficientes renales, que no pueden abusar de las proteínas, o los insuficientes hepáticos -cuidado con las grasas y proteínas-. La preparación de estos menús ha de ser lo más parecido al menú del resto de la familia con la que han de participar en la comida, pero controlando mucho cuál es la composición de dichos alimentos, contando con el apoyo de alimentos especiales sabiamente combinados con los anteriores, dado que una ingesta inadecuada de un determinado alimento no permitido para estos pacientes puede tener consecuencias nefastas

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