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"Por cada euro gastado en vacunas, el sistema sanitario ahorra 22 en enfermedades"

«Por cada euro gastado en vacunas, el sistema sanitario ahorra 22 en enfermedades»

“Los antivacunas suelen ser colectivos antisistema que se basan en difusión de rumores y fabricación de noticias falsas; son un campo preferente para la posverdad”

Venancio Martínez Suárez ejerce como pediatra en el centro de salud del Llano, en Gijón. Además, es licenciado en Biología y lleva a cabo una extensa labor
investigadora. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria. Ayer, en el marco del ciclo de conferencias de la I Semana de la Divulgación y Cultura Científica, pronunció la conferencia titulada “El valor de las vacunas: desarrollo científico, salud y bienestar”, en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo.

–¿Cómo valora el calendario oficial de vacunas?
–Asturias tiene uno de los más completos. En España seguimos siendo ejemplares en una injustificada diversidad, con 18 calendarios oficiales, parecidos pero diferentes. Es una más de las miserias de eso que se denomina el hecho diferencial, y de la desigualdad frente a la enfermedad que fomenta.

Asturias tiene uno de los calendarios vacunales más completos. En España seguimos siendo ejemplares en una injustificada diversidad, con 18 calendarios oficiales, parecidos pero diferentes

–Las vacunas siguen suscitando controversias.

–Las vacunas son un recurso sanitario con absoluto consenso en la comunidad científica sobre su seguridad y eficacia. La vacunación es una estrategia de salud imprescindible. Disponemos de 40 de vacunas rigurosamente probadas y ya comercializadas con respuesta protectora suficiente para prevenir 25 enfermedades.

–Para las administraciones públicas tienen un coste importante.

–Se calcula que por cada euro invertido en vacunas los sistemas sanitarios se ahorran más de 22 euros en gasto. Y otra cuestión relevante: su investigación, desarrollo y fabricación han llevado a un gran avance técnico, con métodos aplicables en otros campos de la industria biosanitaria.

–Hay padres bastante ilustrados que las rechazan para sus hijos.

–Las vacunas no son obligatorias, pero deben de recomendarse porque ofrecen un beneficio individual y protegen a la comunidad. Es cierto que existe un rechazo “informado”, pero casi todos los que se niegan aceptar la vacunación lo hacen por ignorancia, por miedo o por creencias en cierta medida sectarias.

–¿Está muy extendida la actitud antivacunas?

–Afortunadamente, en nuestro país es un problema pequeño, pero además de ser insolidario puede causar enfermedad, muerte y a veces un gran gasto público. Desde mi punto de vista, la estrategias para mantener y aumentar la cobertura vacunal no deberán basarse en la obligatoriedad, éticamente discutible y que sería socialmente mal aceptada, sino en impulsar una correcta información y una educación sobre el tema.

–¿Cómo valora el papel de los movimientos contrarios a las vacunas?
–Desde una perspectiva sociopolítica, lo que tenemos es colectivos anticapitalistas, antisistema y antimedicalización, que proponen políticas y un modelo social alternativos. A menudo basan sus acciones en opiniones, difusión de rumores y fabricación de noticias falsas. Es evidente que las vacunas son un campo preferente para la posverdad.

–A su juicio, los programas oficiales de vacunación ahorran dinero.

–Cumplir en Asturias el calendario completo, desde el nacimiento hasta los catorce años, supone hacer nueve visitas al centro de salud, y recibir trece vacunas y veinte pinchazos. Este conjunto de actuaciones representa un gasto para nuestro sistema sanitario de 402,2 euros por niño debidamente protegido. Este cálculo contabiliza únicamente el precio de compra al fabricante de todas las vacunas incluidas en el calendario oficial y financiadas por el sistema público. Si esas vacunas tuvieran que comprarlas los padres en la farmacia, el precio sería más del doble. Pero, insisto, es un esfuerzo muy rentable si se compara con lo que conllevaría el coste de la atención de las enfermedades que previenen.

–¿Qué puede suceder en el futuro?

–El futuro de las vacunas es incuestionable. En un futuro, muchas de las enfermedades que nos afectan actualmente quedarán relegadas al recuerdo histórico. Es lo que ocurre en la actualidad en los países occidentales con la viruela, la poliomielitis, la difteria y la rubéola congénita, entre otras.

–Hay quienes sostienen que el papel de las vacunas no se  queda en la protección frente a la enfermedad concreta a la que se dirigen.

–Y tienen razón. La prevención frente al sarampión previene neumonías, encefalitis y muertes. La vacuna frente a la gripe previene neumonías, hospitalizaciones y muertes asociadas. La prevención frente al herpes zóster previene dolores intensos y prolongados. La inmunización frente a la tosferina previene convulsiones, daño cerebral e incluso la muerte. La vacuna de la varicela previene encefalitis e infecciones estreptocócicas. Y la prevención frente a la infección neumocócica puede disminuir la resistencia a los antibióticos. Podríamos seguir, pero entiendo que estos ejemplos son suficientes.

Entrevista realizada en La Nueva España, en Oviedo por Pablo Álvarez y foto de Irma Collín

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